martes, noviembre 14, 2006

américa del sur en la historia cartográfica - la mirada desde occidente




america del sur en la historia cartográfica - la mirada de américa desde occidente




martes, octubre 24, 2006

la vida cotidiana en los hogares del pueblo en magallanes a principios del siglo xx




Magallanes, así como el resto de la Patagonia, fue una tierra de síntesis porque fue tierra de inmigración. Y lo que se reunió en este apartado territorio, fue una amalgama de tradiciones y costumbres generando mundos sociales y culturales distintos y a veces contrapuestos.

Esta es una contribución intelectual al conocimiento y al rescate de la memoria histórica del pueblo de Magallanes y la Patagonia.

Punta Arenas - Magallanes, primavera de 2006.

Manuel Luis Rodríguez U.

Esta historia habla de sindicatos, de pliegos de peticiones, de huelgas, pero en realidad, en el fondo mismo de la historia aquí relatada estamos hablando de seres humanos, de obreros, de hombres y mujeres humildes, sometidos a las duras y difíciles condiciones de vida del pueblo.

vida doméstica en los hogares populares de magallanes a principios del siglo xx


¿Cómo vivían esos obreros?

¿Cómo eran sus costumbres y vida cotidianas?
El modo de vida cotidiano, doméstico de los obreros y empleados de Magallanes durante el período aquí descrito, experimentó lentos cambios, pero es posible encontrar rasgos más o menos permanentes: hay un modo de vida típicamente magallánico, centrado en el hogar y bajo techo, muy influído por las tradiciones chilotas y europeas que aquí se asentaron.

La vivienda, las costumbres hogareñas y ritmo de vida cotidianos, la cocina popular, la vestimenta y los modos de diversión del mundo obrero y popular han dado fisonomía a las ciudades magallánicas y patagónicas. Ciertamente la vida del obrero y su familia, entre fines del siglo XIX y los primeros decenios del siglo XX, estaba profundamente marcada por la inseguridad y la precariedad, pero aún en ese contexto, los trabajadores fueron llevando pequeñas mejorías a sus hogares, a medida que el tiempo iba transcurriendo.

Los barrios pobres, habitados mayoritariamente por inmigrantes chilotes, estaban ubicados en los bordes periféricos de las ciudades de la Patagonia. Sectores tradicionales como el barrio Arturo Prat, Playa Norte, Río de la Mano o más tarde, la población 18 de Septiembre de Punta Arenas, el sector Chile Nuevo de Puerto Natales, el barrio Chileno de Río Gallegos o el barrio Austral de Río Grande (en la Patagonia argentina), presentaban todos el mismo aspecto: casas sencillas de un piso dotadas de comedor, cocina, uno o dos dormitorios, construídas en madera o forradas en zinc con pequeñas ventanas a la calle, pintadas de colores vivos, barrios con calles rectas de tierra y barro o empedradas, con un alumbrado escaso o inexistente. Muchas de esas viviendas fueron levantadas sobre pilotes de troncos, por sus propios dueños.

En la vida cotidiana de Punta Arenas, nuestros obreros y familias más humildes se movilizaban dentro de la ciudad a pie, y en algunas ocasiones a caballo o en carreta o carretón según el medio que tuviera disponible cada familia.

La vivienda popular magallánica, incluía un amplio patio, donde junto a la siembra de verduras, podía encontrarse una leñera-carbonera, una carnicera exterior (con puerta de malla fina, para enfriar carne al aire) y hasta un gallinero (con gallinas, patos, gansos y a veces, pavos), lo cual junto con reflejar las costumbres chilotas de sus moradores, hacía posible a la familia auto-abastecerse de carnes de ave, huevos y algunas verduras (papas, lechugas, ajos, acelgas, perejil...)

Las viviendas magallánicas y patagónicas fueron construidas principalmente en madera. El hecho de contar con el recurso de bosques y maderas en estado natural en los alrededores de Punta Arenas y Puerto Natales, le permitió a las ciudades magallánicas un amplio desarrollo en las formas y sistemas constructivos, los cuales fueron traídos por los distintos grupos inmigrantes a la Patagonia: unos, desde Europa con sus estilos de viviendas con techos elevados (en madera o con ladrillos), y otros, desde Chiloé con una mano de obra muy experta en el trabajo con las maderas.

A su vez, el aspecto interior de las casas proletarias de Magallanes era sombrío (estaban pintadas o empapeladas), pero había en ellas una atmósfera cálida. Un pasillo central comunicaba el comedor (que se encontraba junto a la puerta de entrada), con los dormitorios laterales y la cocina al fondo, con puerta de salida al patio. Estas casas se alumbraron principalmente con velas, hasta que la luz eléctrica se generalizó en las ciudades, desde los años veinte en adelante.

El centro de la vida doméstica popular en Magallanes, como en toda la Patagonia, era la cocina. Generalmente más amplia que las demás piezas de la vivienda, de cielo raso en madera pintada y paredes empapeladas, la cocina magallánica contenía la estufa a leña y carbón (que permanecía encendida durante todo el día), una mesa y sillas en madera que servían como comedor diario, y hasta un sofá donde tomaban asiento (o dormían) los ocasionales visitantes. El calor de la casa venía de la gran estufa de la cocina, y de algún calentador alimentado permanentemente con leña, en la pequeña sala de estar.

El baño estaba provisto de una tina de latón, de jarrones y fuentes enlozadas o en loza para el agua caliente, y a falta de alcantarillado, como sucedió en los hogares modestos hasta los años treinta y cuarenta, los desechos domésticos se acumulaban en barriles de madera que el "Servicio de Abrómicos" de la Municipalidad, retiraba semanalmente en carros tirados a caballo.

En la casa popular magallánica y patagónica, gobernaba la mujer.

La sabiduría doméstica y popular de la familia, se transmitía de madre a hija, de abuela a nieta y de suegra a nuera. De fuertes tradiciones chilotas, la mujer realizaba la casi totalidad de las labores domésticas: cocinaba, lavaba, planchaba, preparaba el pan, y aprovechaba sus ratos de descanso para tejer y bordar, sin contar con las tareas de los hijos y el cuidado de su salud. En ocasiones, acompañaba al hombre en el trabajo de la siembra de su huerta. En los hogares proletarios de Magallanes, las mujeres se ocupaban en tejer frazadas y mantas de colorida lana, se bordaban manteles, cortinas y esterillas, y en los meses de verano o durante el embarazo, acostumbraban a bordar y tejer prendas para el futuro retoño.

En estos hogares populares, se lavaba a mano y en tabla (con jabón azul "Sunlight" y "Lavandina") y la ropa era planchada con planchas de fierro o de carbón, y la mujer cosía y reparaba las prendas gastadas de su esposo o sus hijos, mientras el varón o el hijo mayor se ocupaban de picar la leña (que venía en trozos o en rajones).

Así, la cocina popular magallánica se formó con la triple influencia chilota, patagónica y europea.

En los hogares más pobres, la alimentación giraba alrededor de la carne de capón o cordero, papas, legumbres, pescado y mariscos. El plato típico principal de los pobres en Magallanes siempre fue el asado de cordero o capón (fuertemente condimentado) acompañado de papas y lechugas, aunque también lo fueron a mediados del siglo XX, el puchero, el plato de porotos con tallarines (o "con riendas" como se conoce popularmente) proveniente de la zona central, la cazuela de luche (luche, papas y costillas de cordero), el curanto en olla o el charquicán de cochayuyo, provenientes de la dieta del sur de Chile.

Ello explica porqué el "problema de la carne barata" preocupó tan hondamente a los sindicatos obreros en los años treinta, cuarenta y cincuenta: habían razones económicas (su precio reducido) y costumbres culturales (en el campo en Chiloé y en las estancias, se consumía abundante carne de cordero y capón, como que las chuletas formaban parte de la comida diaria de los obreros).

Las verduras y frutas frescas eran escasas y costosas, por lo que se fue haciendo una costumbre cocinar con productos vegetales enlatados, a veces provenientes del extranjero.

En los hogares pobres se tomaba café (de trigo o de cebada) y té en infusión, pero la bebida popular por excelencia fue la yerba mate, una costumbre proveniente a la vez de Chiloé y de las estancias argentinas de la pampa patagónica. En casa, y siguiendo una costumbre antigua las mujeres preparaban mermeladas (de calafate y ruibarbo) para el consumo familiar. Con el tiempo, los hogares populares incorporaron al desayuno el "porridge" (avena hervida en leche con azúcar), componente alimenticio traído por los inmigrantes ingleses, que se incorporó en la dieta que se entregaba en las estancias a los obreros, como quedó estipulado en un Convenio Ganadero de los años treinta.

La vestimenta popular era simple, sobria y de colores oscuros. Para ciertas ocasiones especiales (casamientos, velorios, actos públicos, Fiestas Patrias y para la "foto familiar"), por ejemplo, hacia principios del siglo XX, el hombre vestía un traje de tres piezas con chaleco abotonado, camisa blanca con corbatín de palomita, al igual como eran vestidos los hijos varones, mientras la esposa llevaba un vestido largo oscuro, blusa de lino blanco sobre la que iba una mantilla bordada, todo lo cual daba un aspecto de sobria dignidad y austeridad.

Aquí, modestas costureras y modistas, cuando no la propia dueña de casa, cosían y remendaban la ropa de la familia, pero también era tradicional entre los obreros urbanos, encargar y vestir a lo menos un traje nuevo al año, ya sea para las Fiestas Patrias o a fin de año.

Esto sucedía con frecuencia también, cuando los obreros "bajaban" desde las estancias, al término de la temporada de esquila: muchos de ellos destinaban una parte de su paga para hacerse un traje a la medida o un abrigo, imitando la moda de los citadinos burgueses, sin contar con que el resto del salario, podía desaparecer en una o varias noches de juerga en bares, cantinas y prostíbulos.

El calzado del pueblo duraba varias temporadas en Magallanes, debido a que había numerosos talleres de zapateros (que fabricaban o remendaban) especialmente las imprescindibles botas de cuero. En las estancias se generalizó entre los obreros, el pantalón bombacho, la chaqueta de cuero, la manta de castilla (de color negro) para el invierno y el gorro de lana tejida y la boina, traída por los españoles y portugueses. La boina vasca era tradicional entre los varones en el campo y en la ciudad, hasta que se generalizó el sombrero alón, hacia los años treinta y cuarenta.


Como es posible suponer, el mundo social del pueblo, y de los obreros en particular, era muy limitado. Las celebraciones domésticas más concurridas eran, por cierto, los casamientos y los bautizos, donde las familias invitadas aportaban comidas preparadas, tortas, galletas de avena o de miel y queques. También fueron importantes las celebraciones religiosas como las procesiones, entre las cuales una de las más importantes, era la procesión de barcos de pescadores por la bahía para el día de San Pedro, tradición llegada a Magallanes a mediados del siglo XX y donde se manifestaban a la vez, la religiosidad popular y muchas costumbres cotidianas de los inmigrantes chilotes y sureños.

Mientras la vida del barrio giraba en torno al almacén y la carnicería, que eran frecuentemente un mismo establecimiento, el lugar principal de entretención y pasatiempo de los obreros era el bar. Allí se bebía abundante vino chileno y aguardiente y se jugaba ruidosamente al truco, a la brisca y al cacho. De hecho, el problema del consumo de alcohol entre los obreros y su solución mediante la educación, es una de las grandes causas que motivaron a las Sociedades de Resistencia y los sindicatos, en los primeros cincuenta años de esta historia sindical.

Hacia los años veinte y treinta, se incorporó el "biógrafo" (el cine) a la vida social de los obreros. La función dominical del biógrafo reunía a la familia obrera, en el teatro "Libertad" de Puerto Natales, en el teatro "Regeneración" o en el "Politeama" de Punta Arenas, mientras en los años de la Federación Obrera se daban veladas literarias y artísticas y se exhibían películas mudas. A su vez, en los años cuarenta y cincuenta comenzaron a generalizarse los aparatos de radio en los hogares populares, por lo que los obreros en las estancias o en la ciudad escuchaban frecuente y diariamente radio, en especial en las tardes y noches, para informarse de las noticias, oir música y sobre todo, para recibir los "mensajes".


Del mismo modo, como el nivel cultural de los obreros era mínimo, su educación fue principalmente producto de un esfuerzo autodidacta o algunos de ellos asistieron a la Escuela Nocturna Popular, por lo que toda la formación intelectual de estos sectores populares fue una tarea ingente que asumieron las organizaciones obreras e incluso algunas mutuales.

El obrero en Magallanes en los primeros veinte o treinta años del siglo XX era analfabeto o tenía escasa instrucción básica, al igual que el "gañán" de 1890, de manera que los que aprendieron a leer lo hicieron a través de varios meses y años de dedicación personal: muchos de esos trabajadores debieron salir de su hogar a trabajar desde muy jóvenes, de manera que su interés en la lectura (diarios, volantes y libros) surgió más tarde, a través del contacto con otros obreros más instruídos. Aquí, una vez más, el sindicato sirvió como aliciente y como medio social propicio para estimular la educación popular.

lunes, octubre 23, 2006

el trabajo en los inicios de la patagonia - 1843 - los preparativos de la expedición de la goleta ancud al estrecho de magallanes



Octubre de 1842 a
marzo de 1843:
diseño, construcción y botadura
de la goleta "Ancud"

Con respecto a la nave que haría el viaje, Espiñeira tenía inicialmente el concepto de hacer construir dos embarcaciones, aprovechando la tradicional experiencia constructiva de los chilotes. Entendía además que los tres barcos que formaban en ese instante la flota de la Marina chilena (), no estaban disponibles para este proyecto. ()
A fines de abril de 1842, Espiñeira recién asumido en su cargo, ordenó la construcción de dos embarcaciones: una, del tamaño de un bote y la otra, un lanchón de 12.20 mts. de eslora por 2.60 mts. de manga, y concebía la idea que ambas embarcaciones viajaran turnándose y apoyándose por los canales, lo que implicaba entre otras exigencias, dos tripulaciones y dos capitanes.
Pero, reconsiderando bien las cosas cuando ambas embarcaciones estaban casi terminadas, Espiñeira percibió que serían inadecuadas e insuficientes para el objetivo. Decidió entonces, concentrar los esfuerzos y recursos en una sola nave: una goleta o pailebote con dos mástiles, de unas 30 toneladas de desplazamiento.
A principios de noviembre de 1842, el capitán Juan Guillermos le presentó a Espiñeira un bosquejo detallado del proyecto de embarcación, junto a una nómina de los enseres y materiales que requeriría para iniciar las obras: el Intendente lo aprobó sin mayores objeciones.
De inmediato, el Intendente Espiñeira, bajo la petición de Guillermos, mandó a adquirir en un almacén particular de artículos navales de Valparaíso (), gran parte de los materiales que se requerían para la construcción y cuya fabricación no era posible obtener en Chiloé: la clavazón, las jarcias, los pernos, los fardos de lona y la montonería, las cadenas, anclas y anclotes, la pintura para el casco, la brea y el alquitrán para el calafateo, además de las planchas de cobre...
Espiñeira, conocedor de la lentitud burocrática que significaba encargar estos materiales a la Marina, prefirió saltarse el procedimiento regular a través de la Comisaría de Marina (que él mismo había servido), para acelerar la llegada de los materiales.
Entre noviembre y diciembre de 1842, los carpinteros designados se dieron a la tarea de cortar y labrar las maderas necesarias, en los bosques cercanos a Ancud. Los trabajos propiamente tales de construcción de la goleta, comenzaron a principios de diciembre de 1842, aprovechando el buen tiempo de verano, en una playa contigua al muelle de San Carlos de Ancud (), donde se construyó un tinglado especial, para el efecto.
A fines de diciembre de 1842, llegaron en el bergantín "Intrépido" a Ancud los materiales y artículos comprados en Valparaíso.
Las faenas iniciales consistieron en la armazón de la obra viva de la embarcación: la colocación de la quilla en una armazón de maderas.

Pero, a medida que avanzaban los primeros trabajos, Espiñeira y Guillermos recibieron dos aportes humanos de suma importancia para la expedición: primero, Jorge Mabón y después Bernardo Phillipi.
En efecto, como se ha consignado con anterioridad, a principios de febrero de 1843, llegó a Ancud el piloto Jorge Mabón trayendo un oficio del Ministro del Interior, en el que Irarrázaval le sugería a Espiñeira que recibiera al portador y tratara de incorporarlo al proyectado viaje y lo urgía a acelerar los trabajos de preparación de la expedición. En esta comunicación, el Ministro manifestaba al Intendente que el Gobierno le daba preferencia y urgencia a "...la posesión real del territorio contiguo al estrecho de Magallanes, el establecimiento en él de una colonia, y la protección de la empresa proyectada para traer de Europa al mismo estrecho vapores apropósito para remolcar embarcaciones de vela." ()
Para Guillermos, la valiosa presencia de Mabón le aseguraba de un piloto experimentado en la navegación.
La travesía es muy difícil y azarosa, le comentó Guillermos a Mabón, en su primer encuentro de trabajo.
Lo entiendo Capitán, pero usted tiene la mano firme y yo sigo sus aguas, dijo el piloto con una mirada de confianza.
Y el resto de la conversación siguió en inglés...
A su vez, a mediados de febrero de 1843, se presentó en Ancud el naturalista prusiano Bernardo E. Phillipi -un activo explorador de 32 años de edad- quién venía de hacer un recorrido de reconocimiento por la región del lago Llanquihue. Espiñeira lo recibió con cálida acogida, y entre los comentarios de las aventuras del explorador y las preocupaciones del Intendente, éste aceptó el ofrecimiento de sumarse a la expedición a Magallanes.
El hermano de Bernardo Phillipi, Rudolfo, escribe a este respecto: "En esos días debía zarpar de Ancud la expedición chilena que bajo las órdenes de Comandante Williams iba a tomar posesión efectiva del Estrecho de Magallanes fundando un establecimiento fortificado en el puerto Bulnes. Mi hermano pidió permiso para ir en la expedición en calidad de voluntario i tuvo ocasión de prestar importantes servicios..." ()
Phillipi se sumó entusiasmado a la expedición, con la idea de conocer más en detalle los canales australes y el Estrecho, por lo que Espiñeira hizo las presentaciones respectivas con el capitán Guillermos, quién ya tenía buenas referencias del personaje y de su valía. Guillermos lo incorporó de inmediato a su equipo de trabajo, integrándolo en sus tareas de dirección en la construcción de la goleta.
El prusiano tenía tanto de impetuoso aventurero, como de experimentado explorador de mares y selvas, de manera que su aporte sería de mucho valor para la materialización de la expedición al sur.
¿Quienes trabajaron en la construcción de la goleta?
Por lo pronto, se destacaron los hermanos Lobos, oriundos de Ancud; además, en la construcción del casco intervinieron el experto carpintero Lorenzo Aro (a quién se le canceló una factura por $ 380 "...por completar su obra poniendo cubierta y todo a satisfacción...") () y los marineros chilotes de la dotación de la Capitanía de Puerto de Ancud, Francisco Hernández, José Santana, Remigio González, Gerónimo Ruiz, José Víctor, José María Yáñez.
En toda la faena, y en especial en el calafateado de la cubierta y el forrado en cobre del casco, Juan Guillermos participaba y dirigía los trabajos con agilidad y don de mando, mientras los carpinteros y herreros chilotes compartían las diversas faenas. Además, en la colocación de las planchas de cobre, Juan Guillermos, Jorge Mabón y Bernardo Phillipi participaron personalmente, martillo en mano.
El tiempo apremiaba, ya que se acercaba el invierno.
La goleta había sido concebida como una embarcación de 15.84 mts. de eslora (largo) y 3,80 mts. de manga (ancho) y de unas 30 toneladas de desplazamiento: la embarcación más grande que se construyó en Chiloé por esa época. ().
En el diseño y construcción, uno de los criterios básicos adoptados fué la resistencia de la embarcación a los fuertes vientos y mar gruesa que habría de enfrentar durante la travesía.
Describe Braun Menéndez el resultado de estos trabajos: "Desde proa a popa la cubierta era corrida, sin más obra muerta que la casilla del fogón y la toldilla que daba altura a la cámara. El bauprés, corto y recio, más afinado el botalón de foque, que arrancaba desde un tamborete de hierro. Los mástiles, trinquete y mayor, gruesos y poco elevados, con sus crucetas y tamboretes de sostén para los correspondientes masteleros y los picos, también de hierro. En la labor, los constructores tuvieron siempre presente la violencia del viento austral...En la borda se podían observar las aberturas o chumaceras a través de las cuales se pasaban los remos, que en la Ancud, servían de motor auxiliar cuando la falta de viento inutilizaba las velas o era preciso facilitar una entrada o el cambio de fondeadero en puerto." ()
El interior habitable de la goleta era particularmente reducido y de modestas acomodaciones, con lo que es imaginable la estrechez de aquellos 21 pasajeros: "Su casco hallábase dividido por mamparos en cuatro grandes compartimentos; a proa el sollado, que servía tanto para la cadena del ancla, los repuestos de vela y cabuyería, como para alojamiento de los marineros; luego el pañol o depósito, donde se guardaban los víveres; seguía la bodega cuyo claro se llenaba con materiales y pertrechos dejando apenas un espacio para alojamiento de los soldados; a popa la cámara de oficiales, relevada por la toldilla sobre la cual daban luz dos claraboyas." Esta cámara de oficiales tenía además una división tras la cual, "...con el debido fondo de chapa, se apoyaba la estufa o cocina económica" (), y quedaba aún un pequeño espacio donde funcionó una pequeña cámara, a modo de comedor, con una rústica mesa y dos bancos laterales sin respaldo.
El costo total de la construcción de la goleta "Ancud" fue de $ 3.548, 5 reales y 5 octavos de real. ()
En cuanto a la fabricación de las velas, nos relata Armando Braun Menéndez: "Con los siete marineros que servían el bote de la capitanía de Puerto –los que constituirían la tripulación de la futura nave de guerra- hizo tender las lonas sobre una pequeña explanada y procedió a cortar, coser y armar las velas que llevaría la embarcación, que comprendían: ambas cuchillas, la de trinquete y la mayor, el foque y el petifoque, una vela redonda y otra auxiliar para la balandra." Y continuaron trabajando...: "Habiéndose extendido entretanto todo el forro protector, se procedió a la pintura del casco: blanca la regala hasta la línea de flotación y verde desde esa línea hasta la quilla." ()
La goleta "Ancud" iba pintada de blanco y verde para su viaje legendario.
Una vez terminados estos trabajos previos, se procedió a la botadura al mar, faena que se realizó a fines de marzo de 1843, mediante una minga de botadura de barco, en la que participaron alegremente todos los habitantes de Ancud.
Una yunta de bueyes ayudó a tirar la goleta, a través de un grueso cable y un aparejo, trabajo que un obrero chilote cobró por "6 ps. pagados a uno que tiró con bueyes la goleta al mar". ().
La construcción de la goleta "Ancud" involucró a muchos individuos: por una parte, los carpinteros de ribera, por la otra, los artesanos que trabajaron en la fabricación de las velas, a partir de las lonas adquiridas en Valparaíso. Los hacheros trabajaron en labrar las maderas para la quilla, las cuadernas y los mástiles, además de todo el maderamen de la embarcación.
Al momento de lanzar la goleta al mar, sin duda alguna debió realizarse una minga de botadura de barco, una tradicional faena colectiva de un día de duración, característica de la cultura marinera chilota y en la que intervienen todos los hombres y sus mujeres, como se describe a continuación.
Se supone que la embarcación, para ser construída, fue instalada en una armazón de vigas de madera que la sostienen erguida y que le dan forma al astillero.
La faena misma de botadura al mar, consiste primeramente en instalar anguillas de madera untadas con sebo bajo la quilla de la nave, y con una yunta de bueyes o dos yuntas (si la embarcación es mayor) tirando con un aparejo y cables, se va desplazando lentamente por la playa hacia la orilla.
Los bueyes, guiados a gritos por su dueño, deben internarse algunos metros en las olas, mientras todos ayudan empujando con palancas de madera y van colocando los rulos más adelante, a medida que la embarcación se mueve hacia el mar.
Los hombres gritan para darse ánimo en el esfuerzo común, mientras los perros corren ladrando por la playa, agregando ruido a la faena. Los niños, a prudente distancia de los trabajos, corren de un lugar a otro jugando en la playa y alegrando el ambiente.
En la popa de la embarcación, se amarran una o dos largas cuerdas, que servirán para atarla a algún poste en tierra, una vez que quede a flote.
Mientras tanto, y también desde la mañana, las mujeres, esposas, hermanas e hijas de los participantes, se afanan en la preparación de un curanto en hoyo: mientras unas muelen y raspan las papas para los milcaos, otras preparan el hoyo con piedras en el fondo, leña y fuego lento, y disponen los mariscos (choros, piures, tacas o almejas, cholgas) y demás ingredientes (chapaleles, milcaos, carne ahumada), antes de cubrir todo con hojas de nalca.
Al fin de la tarde, cuando la embarcación está a flote y bien amarrada a la playa, se reúnen todos para compartir el abundante curanto, celebrando jocosamente la faena cumplida y brindando con abundante chicha de manzana y vino blanco.
Seguramente, algunos de los participantes traerán un acordeón y guitarras y cantarán alegres canciones marineras chilotas, hasta entrada la noche.
El Intendente Espiñeira y el capitán Guillermos, con la proverbial lealtad de los marinos, propusieron bautizar "Presidente Bulnes" a la nueva goleta, pero el Presidente en ejercicio, sobre todo por modestia y espíritu austero propio de los Mandatarios de esa época, declinó el honor que se le hacía, y a través del Ministro de Interior Irarrázaval, hizo comunicar que se le bautizara "Ancud", en homenaje a la provincia desde donde partiría la expedición.
A mediados de abril de 1843, dos marineros de la dotación se dieron a la tarea de pintar su nuevo nombre a la flamante goleta, en la proa del casco.

Abril-mayo de 1843:
últimos alistamientos
para el viaje

Una vez que la goleta estuvo a flote, se continuó trabajando en el montaje de los aparejos, se arbolaron los palos y se armaron sobre éstos, el velamen y las jarcias. La nave ya aparejada, era mirada con no disimulado orgullo por los habitantes de Ancud.
Además, se le incorporaron los elementos que le dana categoría de barco de guerra de la Marina Nacional: el comandante de la Artillería de la plaza de San Carlos de Ancud, proporcionó los elementos que debería armar la embarcación y servir al futuro fuerte. Se subieron a la goleta dos pequeños cañones: una culebrina, que fue instalada en la cubierta de proa, y una batería de bronce, en la bodega, que debería ser colocada en el fortín en el Estrecho. Iba además, un lote de herramientas, algunos machetes, tres quintales de pólvora de cañón, doscientas balas de 4 lbs. (para el cañón embarcado), 106 tiros de metralla, seis tercerolas (), 50 lbs. de plomo en balas para las tercerolas de los Artilleros, cuatro agujas para los cañones, entre otros enseres de uso castrense.
Una vez terminada la laboriosa tarea de acondicionar de la goleta, las faenas finales de preparación del viaje consistieron en el lento, minucioso y ordenado embarque y estiba de la carga y provisiones para la travesía, trabajos que efectuaron los integrantes de la dotación de la goleta.
Estamos a principios del mes de mayo de 1843.
El nobel comandante llevaba instrucciones precisas del Intendente Espiñeira para reconocer los canales australes y el Estrecho, en la perspectiva de facilitar la navegación comercial: "El capitán Guillermos indicará los puertos i caletas de dichos canales en que puedan anclar buques con seguridad; el efecto de las corrientes, las aguadas, lugares en que se tome con más facilidad provisión de leña i finalmente contribuya a fijar al Supremo Gobierno por el pro o el contra del proyecto que se medita sobre establecer en el Estrecho de Magallanes una compañía de barcos de vapor, que sirva para remolcar los buques de vela que quieran pasar por el dicho Estrecho..." ()
A decir verdad y visto lo reducido de su tamaño, la goleta "Ancud" era un gran lanchón o pailebote que fue aparejada como goleta (con dos mástiles) y armada con un pequeño cañón.
Los últimos trabajos preparatorios tuvieron lugar en el puerto de Ancud con la goleta ya a flote junto a la playa. Una carta enviada por el Intendente de Chiloé D. Espiñeira al Ministro del Interior de la época, relata estos trabajos preparativos: "Ancúd mayo 23 de 1843. Señor Ministro: Por la via reservada tuve el honor de anunciar á Us con fecha 21 de mayo del presente año la forma en que pensaba dar cumplimiento al Superior Decreto del 20 de enero que Us me comunicó en su oficio numero 40 sobre el exámen y reconocimiento de las tierras Magallanicas: no creo necesario repetir ahora lo mismo que entonces dije, pues Us. puede traer a la vista mi carta de la indicada fecha, para apreciar las consideraciones que me han decidido á que se practique de una vez el reconocimiento del estrecho y su posesion inmediata. Me limito por consiguiente á anunciar a Us que la goleta de guerra Ancúd se hizo á la vela el dia de ayer con dirección al Estrecho de Magallanes. El jefe de esta espedicion es el Capitan graduado de Fragata de la Marina Nacional D.Juan Guillermos, á quien hé dado las instrucciones que remito á Us en copia con el numero 1...Las provisiones de boca, son para siete meses, pero pueden durar hasta febrero de 1844 observandose las instrucciones que he dado para el suministro de viveres; de estas provisiones remito á Us una relacion con copia con el número 3."
Y específicamente respecto de los trabajos realizados, Espiñeira escribe: "Este armamento, Señor Ministro, se ha hecho con una economia llevada al extremo resultado sin duda del entusiasmo particular con que se há emprendido la obra. Sin entrar en detalles minuciosos que le probarian á Us hasta la evidencia la verdad de este acerto, solo le indicaré que varios de los trabajos se han emprendido gratis. El capitan Guillermos con un esmero singular ha hecho de maestro de velas y la gente del bote de la Capitania de Puerto (que es la que lleva de tripulación la goleta Ancúd) há trabajado el velamen de este buque sin costo alguno: el forro de cobre del buque se há puesto por las manos del naturalista Don Bernardo Philippi, del capitan Guillermos y del piloto Don Jorge Mabon y finalmente todos estos señores y varias otras personas han tratado de excederse en sus servicios para llevar á cabo la empresa del viaje á Magallanes."
Es de imaginar a Juan Guillermos, su tripulación, el piloto y el científico alemán, afanados trabajando en la construcción de la goleta, colocando la cubierta de protección de cobre en el casco y ayudando a la reparación del velamen, el propio capitán oficiando de improvisado "maestro de velas"!
Todos estos trabajos fueron realizados prácticamente en forma voluntaria: "Le dije á Us en mi comunicación particular de 21 de mayo que con el fin de que el gobierno obtenga detalles precisos é ilustrados sobre los terrenos de Magallanes, habia logrado decidir al naturalista prusiano Don Bernardo Philippi á que hiciese este viaje, con el fin de practicar las dichas observaciones y de levantar los planos correspondientes. Para verificarlo há tenido que hacer este caballero diversos gastos en ropa análoga á la ... rejion que vá á explorar y en utensilios y herramientas de distintos especies por cuyo motivo espero que Us se sirva inclinar el ánimo de S.E. á fin de que vá á prestar á la causa pública, se sirva recompensarle, á su vuelta con mil pesos que pueden darsele como una expresión de gratitud del Gobierno y con las expresiones adecuadas al caracter del individuo, al tiempo de hacerle la remesa ya sea directamente por el ministro del cargo de US ó por conducto de esta Intendencia."
Otro aspecto importante en los preparativos de la expedición era la disponibilidad de las cartas náuticas necesarias, de instrumentos de navegación y de un buen navegante o práctico, para guiarse por el dédalo de los canales australes.
Para asegurarse una navegación segura, Guillermos disponía en primer lugar del piloto Jorge Mabón.
Espiñeira conocía a Mabón, por lo que se apresuró también a recomendarlo ante Guillermos como piloto navegante y práctico. Como se has visto más arriba, el estadounidense pasó a incorporarse, desde febrero de 1843, a los trabajos preparativos y a la dotación de la goleta.
En cuanto a instrumentos, disponían de un compas magnético, un termómetro (con la escala Fahrenheit) y de un barómetro para medir la presión atmosférica; estos fueron los únicos instrumentos con que contaron para navegar.
Se necesitaban además, buenas cartas de navegación.
La cartografía náutica por entonces disponible sobre la región austral del Pacífico y de América del Sur, era anticuada e incompleta, en el sentido de poco precisa; había sido proporcionada por los sucesivos reconocimientos hidrográficos realizados en siglos anteriores, por los españoles Pando, Goycochea, Vielma, Villarino, Malaspina y sobre todo Moraleda, entre otros.
Más recientemente a principios del siglo XIX, los marinos ingleses Phillipi, Parker, King y Robert Fitz-Roy, habían realizado el reconocimiento de los canales australes y el sondaje de los mares, como parte de sendas expediciones auspiciadas directamente por el Almirantazgo Británico y que habían contado con la anuencia y colaboración del Gobierno de Chile.
Debe anotarse aquí que estos viajes habían sido realizados, bajo el reconocimiento inglés teórico de la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes y hasta el Cabo de Hornos, como rezaba la Constitución Política de 1833.
El Capitán de S.M.B. Robert Fitz-Roy, en particular, había realizado dos expediciones: 1826-1830 y la segunda, 1831-1836, contando en ésta última con la participación del naturalista Charles Darwin (). La navegación de Fitz Roy y Darwin por la región marítima y costera de Chiloé tuvo lugar entre el 10 de noviembre de 1834 y el 18 de febrero de 1835.
En el curso de estas dos expediciones (generosamente respaldadas por las autoridades chilenas), fueron levantadas varias cartas náuticas de la zona austral de Chile, por lo que el Capitán Fitz Roy, en agradecimiento por las atenciones y facilidades recibidas del Gobierno -bajo el Presidente Joaquín Prieto- le hizo donación de un juego completo de cartas náuticas del litoral chileno levantadas desde el sector costero de Valparaíso hasta los canales australes.
A este respecto, H. Gorziglia afirma que "Entre los años 1826 y 1836 las expediciones realizadas a las australes costas oriental y occidental de Sudamérica, por los marinos británicos de la 'Adventure' y la 'Beagle', renovaron casi por completo el conocimiento geográfico que se tenía de ellas a través de las exploraciones efectuadas, en siglos anteriores, por navegantes portugueses, españoles, franceses, holandeses e ingleses.En lo relativo a la región denominada Tierra del Fuego,comprendida entre el estrecho de Magallanes, por el norte, y el cabo de Hornos, por el sur, las dos expediciones de la 'Beagle', al mando del Capitán Robert Fitz-Roy, aportaron, más que una renovación, una verdadera creación de la geografía náutica de esta zona. Si bien es cierto que ambas expediciones incluyeron reconocimientos, estudios y descripciones, indudablemente que la segunda, con el aporte del naturalista Charles Darwin, fue aún más fructífera." ()
El Ministerio de Marina, como parte de los preparativos de la expedición a Magallanes, hizo imprimir a principios de 1843, un par de cartas náuticas que cubrían el litoral de Chiloé hasta el Estrecho, a partir de las cartas de Fitz-Roy. Con estas cartas navegó Juan Guillermos en su histórica expedición, y a ellas hace frecuentes referencias en el Bitácora de viaje de la goleta, como las "cartas de Fitz Roy".

Mayo de 1843:
selección y nombramiento
de la tripulación

La responsabilidad de la selección y nombramiento de la tripulación de la goleta Ancud recaía sobre el capitán Juan Guillermos: era parte de las atribuciones de que le había revestido el Intendente Espiñeira.
Además la autoridad para el nombramiento del personal de tropa de los Artilleros de Marina, residía en el propio Intendente, en cuanto Comandante General de Armas de la provincia de Chiloé.
Era necesario entonces, un pleno acuerdo entre ambos jefes y así ocurrió en la realidad.
Los primeros que nombró Guillermos, fueron los seis marineros, pertenecientes todos ellos a la capitanía de Puerto y chilotes de origen, pero además, avezados carpinteros de ribera, como se probaría durante la travesía y la estadía en el Estrecho de Magallanes. Los hombres recibieron sus nombramientos con serena satisfacción y con la expectativa de hacer un viaje que tenía mucho de aventura, de incertidumbre y de riesgo.
A continuación, recibió la destinación del personal de tropa de artillería, compuesta por un Teniente, un Sargento, un Cabo y cinco soldados, dos de los cuales eran casados aunque sin hijos, por lo que pudieron viajar con sus esposas.
Iban dos mujeres: Venancia Elgueta, oriunda de Chiloé era esposa del soldado Cipriano Jara e Ignacia Leiva, también chilota, era esposa del Cabo José Hidalgo.
La presencia de las dos mujeres en la goleta aseguraba, por un lado, la posibilidad de permanecer en la futura colonia de Magallanes, para constituir un núcleo inicial de poblamiento, y por el otro, permitía que se ocuparan de las faenas de cocina y lavado de ropas durante la travesía.
La navegación de la goleta estaría a cargo de dos hombres experimentados: como piloto le servía Jorge Mabón y como timonel Ricardo Didimus. En síntesis, en la selección de su personal embarcado, Juan Guillermos se dejó guiar por el certero juicio de la experiencia probada y del conocimiento de las gentes.
El 15 de mayo de 1843, Juan Guillermos comunicó a su superior el Intendente Espiñeira, la dotación completa de la goleta y que figuraba en el siguiente oficio hasta hoy inédito.

"Copia N 2
Revistas de los oficiales y tripulación de la gente de la Goleta Grra Ancúd

Comandante Cap. De Corveta
Graduado de Fragata ..............................Don Juan Guillermos...............P
Piloto 2 ..................................................Jorge Mabon............................P
Carpintero 2 ............................................Lorenzo Aro..............................P
Timonel ..................................................Ricardo Didimus.......................P
Marineros 1..............................................Jose Santana...........................P
.................................................................Remigio Gonzales....................P
.................................................................Francisco Hernández...............P
.................................................................GeronimoRuiz..........................P
.................................................................Jose Victor...............................P
.................................................................Jose Maria Yánez....................P
.................................................................Horacio Luis Williams...............P
TROPA
Teniente de artilleria ................................Don Manuel Gonzales............P
Sargento 2 ...............................................Don Eusebio Pizarro...............P
Cavo.........................................................Jose Hidalgo .......................P
Soldado.....................................................Cipriano Jara..........................P
...................................................................Valentin Vidal........................P
...................................................................Pascual Riquelme.................P
...................................................................Manuel Villegas.....................P
...................................................................Lorenzo Soto.........................P
Mujeres
...................................................................Venancia Elgueta.......................P
....................................................................Ygnacia Leiva y ydalgo...... P
El señor Don Bernardo Filippi naturalista Boluntario
Ancúd mayo 15 de 1843

(fdo.) Juan Guillermos." ()
Pero, ¿bajo qué condiciones trabajaron y viajaron estos esforzados chilenos?
Las condiciones contractuales en las que viajaba la tripulación aparecen señaladas de la siguiente forma, en un oficio del 23 de mayo de 1843 enviado por Espiñeira al Ministro del Interior, del que transcribimos el párrafo alusivo: "A la gente del mar y á la tropa que espediciona se le ha hecho un adelanto de dos meses de su haber para que pudiesen disponerse al viaje; y como todos ellos son hombres con familia han dejado á esta una asignacion del todo o parte de su sueldo como lo verá Us por la relación que le adjunto con el numero 6 para que Us se sirva a probar la medida he tomado de que se haga su pago mensual en atención á la importancia del servicio que van a prestar los individuos relacionados: hé creido que en este caso no debia a considerarse la disposicion de un Decreto orgánico, que ordena no pueda dejar el empleado por mesadas sino la tercera parte de su haber, y por juzgar asi mismo del esclusivo conocimiento del departamento del interior todo lo relativo, á la espedición de Magallanes, no someto esta parte á la inspección del señor Ministro de la Guerra á quien corresponde el asunto de las mesadas por el futuro de los individuos que las dejan cuando el Supremo Gobierno no aprecie esta consideración por mirar la materia bajo otro punto de vista, ruego a Us se sirva pasar la relación de mesadas al señor Ministro en el Departamento de Guerra y Marina á quien por otra parte, no puedo escribir en esta ocasión por la prisa que me da el capitán del buque que conduce esta correspondencia." ().
Por lo tanto, el personal embarcado –la gente de mar y la tropa- recibieron un adelanto de dos meses sobre sus remuneraciones, tanto para subvenir a sus propios gastos antes del zarpe, como para dejar a sus familiares algún dinero durante su ausencia.

Últimos trabajos
de carga y estiba
en la goleta

Los trabajos de carga y estiba dentro de la goleta ocuparon varios días, a principios de mayo de 1843.
Se cargaron y distribuyeron anclotes, velas, utensilios de cocina; en el pañol en particular; iba además, una buena cantidad de maderas en forma de tablas y tablones; entre las herramientas se contaban hachas, picos y serruchos, una red de pescar y entre los víveres se contaban los que se consideraban necesarios para la alimentación de 21 individuos durante 7 meses: porotos, harina flor, charqui, galletas marineras, además de sal, grasa y ají, te, ron, aguardiente, vino corriente, vino de San Vicente y vino dulce, y en cuanto a animales domésticos, se embarcaron dos cerdos, dos cabras, tres perros y un gallinero de aves.
En el presupuesto enviado por Espiñeiro al Ministro del Interior varios días antes del zarpe desde Ancud, aparecen todas las herramientas y víveres embarcados para el histórico viaje.
Todo se había previsto con sureña precaución: traían "sal de Inglaterra" (la conocida y eficaz "sal inglesa") y "palma-cristi" como medicamentos, como aparece en la relación siguiente.


"Presupuesto de viveres y otros que se necesitan para la expedición al extrecho de Magallanes que se va á emprender en la Goleta del Estado "Ancúd" para veinte y un individuos para siete meses. ()

A saber:
4410 lbs cuatro mil cuatrocientas diez lbs de galletas
2205 lbs dos mil docientas cinco lbs de charque
2205 lbs dos mil docientas cinco lbs de frijóles
"137 lbs13 ons ciento treinta y ciete lbs trece ons de sal
"206 lbs 11ons docientas seis lbs once ons de grasa
1102 ½ lbs mil ciento dos y media lbs de harina flor
" " 34 lbs 7 ons treinta y cuatro lbs ciete onzas dos octavos de ají
" 367 pies 6ps trecientos sesenta y ciete pies seis pulgadas de velas
"110 gs ciento diez galones de aguardiente
13237 lbs trece mil docientas treinta y ciete lbs de leña
"" " "6 gs seis galones aceite para la bitácora
" " " 3 lbs tres lbs de pavilo
" " " 8 ocho hachas
" " " 4 cerruchos de manos
" " " 1 un ril grande
" " " 1 un ril de dos manos
" " " 6 seis palas de fierro
" " " 3 tres barretas
" " " 4 cuatro picos
" " " 4 cuatro basijas para agua de sesenta galones c/u
" " " 4 cuatro ril de veinte cada una
" " " 6 seis ril-ril para el aguardiente
" 200 doscientas lbs de llaves surtidas
" " " 1 una red de pescar
" " " 2 dos lbas de sal de Inglaterra
" " " 2 dos mil palma-cristi
" " " 2 dos pzas de tocuyo para sacos para galletas
" " 40 cuarenta ril de crudo para ril
" " " 4 cuatro lbas de té dos negros y dos perla
" " " 1 un barril de vino abocado
" " " 1 un cajon con veinticuatro botellas vino San Vicente
" " " 6 seis galones de vino
" "150 ciento cincuenta masos tabaco
Ancúd, mayo 15 de 1843
Juan Guillermos." ()



Este notable documento nos permite conocer en detalle el grado de previsión que Guillermos había tomado, para asegurar la estadía de los viajeros como colonos en la lejana Magallanes, estimando que pasarían varios meses desde la instalación de la colonia, hasta que alguna nave pudiera regresar a auxiliarlos y reabastecerlos.
Juan Guillermos había procurado reunir los enseres y víveres más imprescindibles, calculando las cantidades para la expedición marítima y la estadía en el Estrecho de Magallanes, por un tiempo que estimaba en siete meses: como indica el título de este documento, llevaba víveres para 21 individuos durante 7 meses, es decir, debían durar hasta diciembre de 1843.
Como dato curioso, hay que observar los medicamentos que llevaba la goleta "Ancud": 2 libras de sal de Inglaterra y 2.000 palma-cristi. La "sal de Inglaterra" -hoy conocida como sal inglesa- funciona como un muy eficaz laxante para aliviar los estreñimientos, función que también cumple la "palma-cristi", un jarabe aceitoso elaborado con ingredientes naturales.
Llevaban además, una buena cantidad de tabaco, un barril de vino "abocado" o suave, 6 galones de vino para el consumo diario y 24 botellas de vino San Vicente, para las ocasiones especiales.
Como se verá a lo largo de la travesía, los víveres eran distribuidos en raciones diarias estrictamente calculadas.

Las instrucciones finales
para la expedición
al Estrecho de Magallanes

A mediados de mayo, la goleta estaba prácticamente lista para su expedición; solo faltaba completar la carga. Guillermos y Espiñeira se pusieron de acuerdo en hacer coincidir la fecha del zarpe con el sábado 20 de mayo.
El Intendente Espiñeira redactó entonces las Instrucciones para el viaje, las que entregó a Guillermos con un oficio conductor fechado el viernes 19 de mayo y que éste recibió esa tarde misma. En este oficio, Espiñeira le indica que "...en dicho pliego están consignadas las esperanzas que he concebido sobre la prudencia i tino con que Ud. ha de desempeñar tan honrosa comision i espero que ellas no sean burladas."
Y le agregaba, una especial nota de consideración para su tripulación y para el voluntario Bernardo Phillipi, en los siguientes términos: "Recomiendo a Ud. en jeneral a todos los que le acompañan i especialmente al naturalista señor Phillipi que se ha servido aceptar la invitación que le hice para emprender el viaje a Magallanes, más por amor a las investigaciones que por otro interes ménos noble." ()
El documento con las instrucciones contenía disposiciones generales de conducta política y administrativa, tratando de ponerse en todas las eventualidades.
El oficio conductor de aquellas Instrucciones, reflejaba certeramente el juicio que tenía Espiñeira sobre el capitán Guillermos frente a la misión encomendada.

Número 275.

Ancud, mayo 19 de 1843.

Acompaño a Ud. el pliego de instrucciones que deben servirle en el próximo viaje al Estrecho de Magallánes. En dicho pliego están consignadas las esperanzas que he concebido sobre la prudencia i tino con que Ud. ha de desempeñar tan honrosa misión i espero que ellas no sean burladas.
Recomiendo a Ud. en jeneral a todos los que le acompañan i especialmente al naturalista señor Phillipi que se ha servido aceptar la invitación que le hice para emprender el viaje de Magallanes, mas por amor a las investigaciones que por otro interés ménos noble.
Acúseme recibo de la presdente nota i de las instrucciones que se le adjuntan.
Dios guardo a Ud.

D. Espiñeira.
Al Capitán de Puerto don Juan Guillermos. ()


Las instrucciones acompañadas, así como su Apéndice, precisaban por su parte, lo principal de la conducta a seguir en distintas circunstancias que pudiera encontrar el capitán Guillermos en la zona austral, incluyendo la eventualidad que alguna potencia extranjera se hubiese adelantado a la misión chilena.

Síntesis de las instrucciones
para la expedición de la goleta "Ancud"
al Estrecho de Magallanes


La orden de zarpar, conteniendo la ruta a seguir, y las observaciones hidrográficas a realizar durante la travesía los canales, recopilando información que sirva a la navegación marítima y al establecimiento de una compañía de barcos de vapor para remolcar veleros en el Estrecho de Magallanes.
Instrucciones de reconocimiento hidrográfico y geográfico del Estrecho de Magallanes , con vistas a la instalación de un fuerte al abrigo del ataque de los aborígenes.
Instrucciones para la construcción de un fuerte, la organización de su defensa mediante los medios que lleva la goleta y del personal de Artilleros. El fuerte debe ser bautizado con el nombre del Presidente de la República y se establecen los términos y formalidades del acta de toma de posesión del Estrecho.
Instrucciones acerca de la disposición interna del fuerte y de las observaciones que debe efectuar el voluntario Bernardo Phillipi.
Instrucciones relativas al orden y disciplina del personal bajo el mando del capitán Guillermos.
Instrucciones acerca de la distribución ordenada y meticulosa de los víveres entre los expedicionarios.
Autorización expresa para que el personal del fuerte, pueda realizar actividades de caza y pesca, cuidando de mantener relaciones cordiales con los aborígenes.
Instrucciones acerca de la información que el capitán Guillermos debe consignar diariamente en el Bitácora o Diario de la goleta.
Indicaciones acerca de la fecha estimativa de regreso a Ancud, del personal que debe permanecer y del que debe regresar de la expedición, así como instrucciones para el nombramiento del Teniente Manuel González como Gobernador del fuerte.
Instrucciones para la eventualidad de no poder regresar en la fecha indicada en el N° anterior, incluyendo la necesidad o urgencia de retirar completamente al personal y el armamento del fuerte.
Instrucciones detalladas acerca de la conducta a seguir en caso que un punto o varios del Estrecho de Magallanes se encuentren ocupados por alguna potencia extranjera, conteniendo los argumentos jurídicos y geográficos que avalan la preeminencia de Chile en dicha región.
Instrucciones a seguir en caso que la eventual ocupación de algún punto del Estrecho por alguna potencia extranjera, se produzca después de la toma de posesión por el Estado de Chile, previendo incluso la alternativa a seguir, en caso de uso de la fuerza por parte de dicha potencia.
El diligente Intendente Espiñeira visitó una vez más la goleta, acompañado por Guillermos y el voluntario Phillipi:
Todo en orden, todo trincado señor Gobernador, dijo Guillermos, orgulloso del trabajo de sus hombres.
¿Tiene fecha de zarpe, Capitán?, preguntó Espiñeira mientras echaba una mirada a la abarrotada bodega de la nave.
Si el tiempo nos acompaña, pretendo zarpar el domingo 21 de mayo, señor Gobernador, expresó Guillermos, mientras asentía Phillipi.
Procure zarpar el sábado 20 Guillermos, no sea que lleguemos tarde...reflexionó seriamente el Gobernador, mientras bajaba al bote que lo llevaba de vuelta a tierra.
El sábado 20 se terminaron de ordenar los últimos cajones de víveres cerca de la improvisada cocina de a bordo.
Ahora, estaba todo listo para el zarpe.

el trabajo en los inicios de la patagonia - 1843 - la expedición de la goleta ancud al estrecho de magallanes - 1



Una vez aparejada la embarcación, o sea la goleta de guerra Ancud, avanzaron con mayor premura los trabajos de carga y estiba. Los distintos pañoles iban recibiendo los víveres, las municiones, los enseres de trabajo, los repuestos para el viaje y los propios marineros ordenaban y estibaban la carga, bajo la directa supervisión del capitán Guillermos.
A partir del 18 de mayo se habian acelerado los preparativos.
Aún cuando las instrucciones de Espiñeira a Juan Guillermos eran de zarpar el 20 de mayo, los días viernes 19 y sábado 20, el tiempo y el oleaje impidieron completar la carga de la goleta: anclada a algunas decenas de metros de la playa de Ancud y sobriamente empavesada.
El domingo 21, Juan Guillermos muy temprano al despuntar el alba, izó la bandera chilena en el palo trinquete de su Goleta.
Los tripulantes y los futuros colonos esperaban ansiosos en el muelle la orden de zarpar desde la Gobernación, pero el fuerte ventarrón acompañado de lluvias arrachadas del NW.() retrasaron una vez más el zarpe. Los tripulantes pernoctaron ese día casi despiertos, observando desde la costa la goleta que se mecía con las olas y el viento.
Esa noche del 21 de mayo, algunos marineros de la goleta comentaban entre ellos que habían escuchado repicar la campana sumergida de Ancud...

Lunes 22 de mayo:
el zarpe desde San Carlos de Ancud

En la mañana del lunes 22 de mayo de 1843, a pesar de que seguía nublado y caía una copiosa lluvia, Juan Guillermos decidió que no podía retrasarse y transmitió a su piloto Mabón las órdenes respectivas de zarpar. Relata Abel Macías el momento del zarpe: "Todos los pobladores llegaron al embarcadero en ese memorable día 22 de mayo de 1843. Abrazos, emoción, muchas lágrimas. Los que se iban como los que quedaban creían que nunca mas se volverían a ver..." ()
Eran las ocho de la mañana y apenas despuntaba la claridad matinal a traves de la llovizna. Desde la puerta de la Gobernación, Domingo Espiñeira observaba todo el ajetreo y se volvía nervioso de que la maniobra avanzaba con lenta parsimonia.
Guillermos de pie en la cubierta, reviso una vez mas su reloj de bolsillo y ordeno a su gente: "...leven anclas...!". La goleta comenzo a moverse con mucha lentitud: en cubierta dos marineros subian el ancla de proa, otros corrian para afirmar bien los aparejos, mientras cuatro marineros en una chalupa, remaban intensamente...remolcando la lenta embarcacion.
Entre la playa del puerto de Ancud y los tripulantes de pie en la cubierta de la pequeña nave, entre gritos de "Viva Chile!" o de "¡Viva la goleta Ancud!" y otras manifestaciones de alegría, reinaba un ambiente de emoción y orgullo. Una pequeña banda musical entonaba orgullosamente algunas canciones chilotas y marchas. En la iglesia del pueblo, el cura párroco hizo repicar sus campanas, lo que daba un ruidoso marco a la bahía de Ancud cuyos cerros y bosques repetían a lo lejos un eco metálico.
Juan Guillermos, levantó su brazo en señal de saludo al Gobernador, que lo observaba desde la cercana casona de gobierno. El capitán miraba y saludaba hacia la playa que se alejaba y sintió que la emoción subió a sus ojos. ¿O era la lluvia?
Los lugareños en lágrimas y emocionados, agitaban sus pañuelos blancos y gritaban sus nombres a sus familiares embarcados, deseándoles un feliz viaje, mientras la pequeña goleta iba siendo remolcada por una chalupa, hacia el centro de la bahía.
Unos y otros presentían que estaban asistiendo a un instante histórico en la vida de la República, mientras lentamente la goleta tomaba rumbo hacia el este, y continúa el relato de Macías: "Por falta de viento, lentamente la Ancud empezó a alejarse remolcada por la más grande de sus chalupas. A bordo no llevaba más instrumentos que una minúscula brújula..." ()
A medida que avanzaba la mañana, continuó el viento el que se fue haciendo cada vez más fuerte.

Martes 23
a miércoles 24 de mayo:
primeros días de navegación

Primer punto de recalada fue el surgidero de Balcacura (), frente a la bahía de Ancud, en la que esperaron vientos favorables. En Balcacura, Juan Guillermos aprovechó a comprar una chalupa al comandante del bergantín nacional "Huemul" surto en dicha rada, por un valor de 3 onzas de oro, para reemplazar a una de las dos de la goleta, que se encontraba en mal estado.
Al mediodía del martes 23 de mayo, las condiciones del tiempo cambiaron y con una brisa fresca del NW. dieron a la vela con destino al canal de Chacao. Hacia las 14.25 horas, y después de haber enfilado por el canal de Chacao para salir frente a la punta Tres Cruces.
De la punta Tres Cruces, cayeron lentamente a estribor () hacia el Sur, embocando en el golfo de Ancud.
Durante la noche siguieron navegando aterrados () por el canal de Quicaví y pasaron a la cuadra de Tenaun hacia la medianoche.
El capitan Guillermos miro esa noche el cielo, tratando de distinguir las estrellas, y sonrio recordando en silencio sus primeras lecciones de navegacion maritima, alla en Inglaterra...
Al día siguiente del zarpe, Domingo Espiñeira le envió al Ministro del Interior, una extensa nota describiendo los preparativos del viaje, cuyo texto inédito es el siguiente.
Ancúd mayo 23 de 1843.
Señor Ministro:
Por la via reservada tuve el honor de anunciar á Us con fecha 21 de mayo del presente año la forma en que pensaba dar cumplimiento al Superior Decreto del 20 de enero que Us me comunico en su oficio numero 40 sobre el exámen y reconocimiento de las tierras Magallanicas: no creo necesario repetir ahora lo mismo que entonces dije, pues Us puede traer a la vista mi carta de la indicada fecha, para apreciar las consideraciones que me han dicidido á que se practique de una vez el reconocimiento del estrecho y su posesion inmediata.
Me limito por consiguiente á anunciar a Us que la golleta de guerra Ancúd se hizo á la vela el dia de ayer con dirección al Estrecho de Magallanes. El jefe de esta espedicion es el Capitan graduado de Fragata de la Marina Nacional D.Juan Guillermos, á quien hé dado las instrucciones que remito á Us en copia con el numero 1.
La gente que expediciona consta de la lista que adjunto á Us bajo el numero 2.
Las provisiones de boca, son para siete meses, pero pueden durar hasta febrero de 1844 observandose las instrucciones que he dado para el suministro de vivéres; de estas provisiones remito á Us una relacion con copia con el número 3.
Los petrechos (pertrechos) navales de la goleta, las armas y municiones de guerra y demas artículos constan del inventario que acompaño con el numero 4.
El costo de la expedicion á Magallanes incluso todo gasto y el valor del buque, es de dos mil ochocientos catorce pesos uno y siete octavos reales y deduciendo de esta suma la de mil cuatrocientos cincuenta y siete pesos uno y medio reales cubiertos según el presupuesto aprobado por el Supremo Gobierno en 28 de mayo del corriente año, queda la de mil trescientos cincuenta y siete pesos tres octavos reales de que acompaño una cuenta en copia bajo el numero 5.
Este armamento, Senor Ministro, se ha hecho con una economia llevada al extremo resultado sin duda del entusiasmo particular con que se há emprendido la obra. Sin entrar en detalles minuciosos que le probarian á Us hasta la evidencia la verdad de este acerto, solo le indicaré que varios de los trabajos se han emprendido gratis. El capitan Guillermos con un esmero singular ha hecho de maestro de velas y la gente del bote de la Capitania de Puerto (que es la que lleva de tripulación la goleta Ancúd) há trabajado el velamen de este buque sin costo alguno: el forro de cobre del buque se há puesto por las manos del naturalista Don Bernardo Philippi, del capitan Guillermos y del piloto Don Jorge Mabon y finalmente todos estos señores y varias otras personas han tratado de excederse en sus servicios para llevar á cabo la empresa del viaje á Magallanes.
La dije á Us en mi comunicación particular de 21 de mayo que con el fin de que el gobierno obtenga detalles precisos é ilustrados sobre los terrenos de Magallanes, habia logrado decidir al naturalista prusiano Don Bernardo Philippi á que hiciese este viaje, con el fin de practicar las dichas observaciones y del levantar los planos correspondientes. Para verificarlo há tenido que hacer este caballero diversos gastos en ropa análoga á la ... rejion que vá á explorar y en utensilios y herramientas de distintos especies por cuyo motivo espero que Us se sirva inclinar el ánimo de S.E. á fin de que vá á prestar á la causa pública, se sirva recompensarle, á su vuelta con mil pesos que pueden darsele como una expresión de gratitud del Gobierno y con las expresiones adecuadas al caracter del individuo, al tiempo de hacerle la remesa ya sea directamente por el ministro del cargo de Us ó por conducto de esta Intendencia.
A la jente del mar y á la tropa que espediciona se le ha hecho un adelanto de dos meses de su haber para que pudiesen disponerse al viaje; y como todos ellos son hombres con familia han dejado á esta una asignacion del todo o parte de su sueldo como lo verá Us por la relación que le adjunto con el numero 6 para que Us se sirva aprobar la medida he tomado de que se haga su pago mensual en atención á la importancia del servicio que van a prestar los individuos relacionados: hé creido que en este caso no debia a considerarse la disposicion de un Decreto orgánico, que ordena no pueda dejar el empleado por mesadas sino la tercera parte de su haber, y por juzgar asi mismo del esclusivo conocimiento del departamento del interior todo lo relativo, á la espedición de Magallanes, no someto esta parte á la inspección del señor Ministro de la Guerra á quien corresponde el asunto de las mesadas por el futuro de los individuos que las dejan cuando el Supremo gobierno no aprecie esta consideración por mirar la materia bajo otro punto de vista, ruego a Us se sirva pasar la relación de mesadas al señor ministro en el Departamento de Guerra y Marina á quien por otra parte, no puedo escribir en esta ocasión por la prisa que me da el capitán del buque que conduce esta correspondencia.

Dios guarde á Us
D. Espiñera
P.D.
Por un olvido habiase dejado de considerar en el presupuesto de gastos la cantidad de sesenta y nueve pesos ($ 69) por costo de dos banderas nacionales que ha llevado la goleta Ancúd una para su uso y la otra para el puente y cuya especie se relaciona en el inventario. Por consiguiente la suma que debe aprobar el Gobierno es de $1426, 3/8 reales, y Us dicimulará que le ponga por esta nota el aviso dicho, pues el tiempo angustiado no permite hacerlo de otro modo.
Al Señor Ministro del Interior.
Entre la tarde del 23 y la madrugada del miércoles 24, y siempre aprovechando los vientos soplando del Norte y Noroeste, fueron navegando a la cuadra () de la punta Chilén. Al amanecer del 24 pasaron a la cuadra de ls isla Linlin. A continuación, siguieron navegando teniendo a la península Guaplimao y punta Queniao por su estribor, para internarse después por el canal Caucahue, en dirección al canal Quicavi y el paso Tenaún, desde donde enfilaron al canal Dalcahue.
A las 10 de la mañana del miércoles 24 de mayo, surgieron () en la bahía de Dalcahue. donde se efectuaron algunos trabajos de aprovisionamiento para la tripulación (aquí compraron una buena provisión de papas y otros alimentos para el viaje, como cholgas secas, cochayuyo y luche) y se dedicaron a "...la construcción de una vela redonda y a reparar las chalupas". ().
Para estas funciones, sin duda la maestría de los hombres de mar del buque más el apoyo de los lugareños, se acompañó con la de "maestro de velas" que desempeñó una vez más Juan Guillermos.
Estos trabajos duraron un día.
Hasta este punto, el viaje se había desarrollado con toda normalidad: habían recorrido más de cien millas en menos de dos días y con mal tiempo y la goleta había probado su buen andar.

Jueves 25
a domingo 28 de mayo:
últimos aprovisionamientos

El jueves 25 de mayo al mediodía, continuaron ruta por el canal Dalcahue, pero los vientos del SW. () los obligaron a proseguir a remolque de una de las dos chalupas (), penoso procedimiento por el cual llegaron a Curaco de Velez, todavía en la Isla Grande de Chiloé, frente a la isla de Achao, donde surgieron nuevamente por la falta de vientos.
En este lugar y en la mañana del viernes 26 se presentó la oportunidad de enganchar al experto patrón de lancha, lobero, práctico y cazador de nutrias Carlos Miller Norton, un inglés avencindado en Curaco, quién solicitó a Juan Guillermos formar parte de la expedición.
La insistencia y determinación del marinero, convenció a Guillermos y lo contrató de inmediato en la función de "marinero primero" con una remuneración mensual de 10 pesos.
Dice al respecto Juan Guillermos en una carta que le remite al Intendente Espiñeira, el mismo día 26 de mayo desde Curaco de Velez y cuyo texto inédito es el siguiente.
"Goleta de guerra Ancud.
Al andar frente á Curaco, mayo 26 de 1843.
Pongo en conocimiento de US. que llegamos anoche a este punto sin novedad; reina a bordo el mayor entusiasmo entre la gente que se halla bien acomodada. He encontrado en este lugar a un segundo Low, un hombre formal i de intelijencia; he tenido a bien engancharlo en la plaza de marinero primero, dándole como á los otros una parte en la pesca que se haga en los ratos libres de ocupación. Lo he socorrido con un mes de sueldo para que auxiliase a su mujer i dos hijos que tiene i aá la primera le he dejado un papel para que US le mande pagar por tesolrería cinco pesos mensuales que le deja de asignación su marido. Mañana sin falta es nuestra partida para afuera.
Dios guarde á US.
Juan Guillermos.
Señor Intendente i Comandante Jeneral de Armas de la Provincia. ()
El práctico Miller fué un inavaluable aporte a la tripulación y al viaje de la "Ancud", gracias a sus conocimientos y experiencia de navegación en los canales australes.
A las 11.30 horas del sábado 27 de mayo, la goleta dio la vela () con un viento regular del N., y continuó su derrota () hacia el sur por el canal de Quinchao.
En esta parte de la travesía, que se efectuaba costeando, se alternaban los días de viento –en los que las velas daban impulso a la nave- con los días de calma, en los que los remeros debían suplir con la boga la incesante falta de vientos.
Saliendo de Curaco el sábado 27, salieron por el canal de Quinchao remolcando la goleta, hacia las 15 horas de la tarde hasta la isla de Chelin, pero no encontrando un lugar adecuado para surgir y habiendo comenzado una densa neblina, se mantuvieron al pairo entre las islas de Lemui y Quehui.
Hacia el final de la noche del sábado 27, fondearon en una pequeña abra de la isla de Quehui, a media milla de una capilla allí existente.()
Permanecieron todo el domingo 28 en la isla de Quehui, donde el cura del lugar, Fray Alejandro Branche, les obsequió para el viaje con dos carneros, abundante pescado, algunos almudes de papas y madera necesaria para la reparación de algunos pañoles de la goleta.
Es importante subrayar que las condiciones físicas de la goleta eran particularmente precarias, para una travesía como la emprendida.
En efecto, lo reducido de los espacios dentro de la goleta "Ancud" (que, como se ha visto, en total tenía menos de 16 metros de largo por 3.84 mts. de ancho) nos permite suponer la resistencia, perseverancia y fuerza de voluntad de estos marineros y navegantes que, con dos mujeres, un niño, las bodegas repletas de carga, de animales domésticos y hasta algunas aves de corral, hubieron de soportar ¡cuatro meses de navegación, temporales, desperfectos y lluvias incluídas!...
Considérese además, que el viaje se efectuó en invierno, en el que las noches son más largas y los días más cortos, de manera que el sol se eleva hacia las 7 de la mañana y se pone hacia las 5 de la tarde.
Las faenas habituales de los hombres dentro de la goleta en viaje, a su vez, estaban circunscritas a la limpieza y orden de los enseres personales, la ayuda imprescindible en las maniobras con las velas y los turnos para remar cada cuatro horas desde la chalupa, cuando el tiempo lo permitía.
A su vez, la guardia de cubierta de la goleta, se organizaba en 6 cuartos, un sistema que mantenía un vigía durante cuatro horas ininterrumpidas, siendo reemplazado a continuación por otro marinero por 4 horas y así sucesivamente. Los pilotos de la goleta a su vez, hacían turnos de 6 horas.
Esta primera parte del viaje -como se podrá apreciar- se realizó por aguas interiores a lo largo del canal Apiao (que separa a la Isla Grande de Chiloé con el continente) y hasta el golfo Corcovado, dentro de la rutina antes mencionada y sin novedades hasta fines de mayo.

Lunes 29
al miércoles 31 de mayo:
aproximándose al golfo Corcovado

Zarparon de Isla Quehui hacia el mediodía del lunes 29 de mayo, con una ventolina variable y siendo remolcados con una de las chalupas, hasta la punta Detif, pero fueron contrariados por la marea proveniente del Sur, por lo que hubieron de surgir en este punto, a la espera de mejores condiciones.
Temprano en la mañana del martes 30 y continuando la fuerte marejada del Sur, desembarcaron en el sector de Apahuen en la isla Lemuy, para hacer aguada () y embarcar leña. Seguidamente, dieron la vela con brisa floja y variable, acercándose hacia las 9 de la mañana a la punta Centinela. Durante el resto de la mañana, pasaron frente a la punta Aitui y después la punta Apahuen, mientras corrían vientos del SE. y del SSE.
Pasando por los 30° y siempre hacia el sur, se dedicaron a pescar al fin de la tarde y noche del martes 30, recogiendo abundante pesca y hasta un tiburón.
Durante la noche del 30 al miércoles 31 de mayo, las condiciones climáticas comenzaron a cambiar; el viento entonces roló () al NE., refrescando rápidamente, y comenzaron a recibir una fuerte marejada entre la punta Chiguao y la punta Dirección: estaban enfrentando el golfo Corcovado.
En la tarde de este día miércoles 31, el cielo se cubrió, ahora con vientos del ENE., de manera que hubieron de pasar "a la capa" () durante la noche, manteniendo la proa hacia el Oeste y con la mar muy agitada: estaban en pleno canal del Guafo.

Jueves 1° al lunes 5 de junio:
primeros problemas
en la navegación
por la boca del Guafo

Hacia las 3 de la madrugada del jueves 1° de junio, viraron nuevamente con la proa hacia el Este, pasando a la altura de la isla Queitao hacia las 7 de la mañana.
El viaje continuaba con viento muy intenso y dentro de una marejada, y hacia las 8 de la mañana comenzaron a recibir chubascos y mareas aún más intensas y gruesas: la boca del Guafo es un accidente marino -entre la isla grande de Chiloé y las islas Guaitecas- por el cual penetra desde el W. y SW. una fuerte y directa correntada procedente del océano Pacífico.
Estaban al sur de la isla Queitao (), a la entrada del canal Moraleda y teniendo a estribor la boca del Guafo, la goleta iba "envuelta por contínuos chubascos y gran cerrazón..." según dice el práctico Carlos Miller (), por lo que perdieron una de las chalupas de remolque, lo que le imposibilitaba continuar.
En efecto, la primera chalupa de remolque que llevaban se inundó de agua y a continuación cortó la boza (el cable), y no pudiendo hacer nada para salvarla, debieron continuar ruta. La goleta continuaba ya en la boca del canal Moraleda, ahora bajo las manos expertas del práctico Carlos Miller, quién se internó entre algunas islas de las Guaitecas, donde encontraron precario abrigo de los vientos y mareas.
Permanecieron fondeados todo el día jueves 1° de junio, capeando el mal tiempo.
Se consultaron Guillermos, Miller y Mabón y en consejo con Phillipi consideraron una recalada más prolongada para buscar la chalupa extraviada.
El viernes 2, con algunas condiciones mejores, el capitán Guillermos ordenó enviar la segunda chalupa en busca de la embarcación perdida. Recibían vientos del Norte y lluvias: el práctico Miller salió en busca de la chalupa pero no tuvo éxito; su rostro denotaba la decepcion.
Relata el Diario de Navegación de Juan Guillermos, según Carlos Miller: "En la mañana del día 3, volví a despachar al práctico Miller i con 3 días de víveres, quedando la Ancud sin ninguna embarcación menor. El día 5 llegó Miller sin haber conseguido su objeto, no obstante haber recorrido toda la parte oriental de las Guaytecas hasta el puerto Low, tocando casi todas las playas y barrancas para ver si había fragmentos de ella, regresando por un canal del oeste." ()
Es decir, se hicieron dos salidas en chalupa para rescatar la embarcación extraviada sin lograrlo: Miller había recorrido toda la banda oriental de las islas Guaitecas (Melinka, Leucayec, Mulchey y Valverde) hasta puerto Low, tocando en todas las playas y barrancas. En el canal King, que desemboca en el Moraleda, Miller se encontró con la lancha del marinero Bruno Andrade, de Castro, quién llevaba 13 días de navegación sin novedades.

Martes 6
al domingo 11 de junio:
difícil navegación en el canal Moraleda
y recaladas en Puerto Americano

En la mañana del martes 6 de junio, la goleta dio la vela con brisa floja del Sur, continuando hacia el sur por el canal Moraleda. A media mañana se acercó a la goleta una chalupa, perteneciente al bergantín-goleta lobero estadounidense "Enterprise", con matrícula de Stonington, al mando del capitán Benjamín Ash.
Esta embarcación llevaba una campaña de 10 meses en la caza de lobos marinos y se encontraba fondeada en Puerto Americano frente a la isla Tangbac (), en las proximidades del canal Puyuguapi.
La "Ancud" también fondeó en este punto.
En la tarde del día martes, recaló en el mismo fondeadero el lanchón de Juan Yates (muy conocido de Juan Guillermos y sus superiores), un experto navegante español dedicado a la caza de lobos marinos y que conocía en detalle los canales australes. Esa misma noche se pusieron al habla Yates y Guillermos intercambiando noticias de las novedades más recientes habidas en los canales y de las maderas disponibles en el sector.
En la mañana del miércoles 7 de junio, y con las indicaciones de Juan Yates, el capitán Guillermos dispuso que el voluntario Phillipi en la chalupa, saliera a reconocer un pequeño río que desembocaba en el abra. Phillipi constató que en el sector abundaba el ciprés y en la costa se encontraba abundante marisco: ostras, choros y cholgas en especial.
Hacia las 10 de la mañana, intentaron salir de este fondeadero, pero el viento Sur era recio por lo que debieron regresar -al principio de la tarde- a Puerto Americano, recalando en un punto más abrigado y con playa de arena. ()
Las condiciones para la navegación eran tan malas, que Juan Guillermos decidió ocupar el tiempo del personal, en faenas de aprovisionamiento propias de la goleta.
Reunidos todos en el comedor de la goleta, Guillermos les expresó:
- No sabemos cuánto tiempo deberemos recalar en este punto, pero necesito de todos la mayor colaboración para repartirse las faenas. Acto seguido, asignó las tareas a hombres y mujeres de manera que todos quedaran ocupados en algún trabajo útil. Afuera el viento y la lluvia golpeaban la nave por estribor.
En la mañana del jueves 8 de junio, bajaron a tierra algunos marineros y las mujeres: aquellos para cortar ciprés, fabricar algunos remos, embarcar leña, agua y maderas, y las dos mujeres, para lavar la ropa de los tripulantes, faena para la cual servía la abundante piedra-pomez dispersa en la playa.
Nos relata el Diario de la Goleta Ancud al respecto: "Habiendo buena madera en puerto Americano, Guillermos resolvió construir el bote que le faltaba. Le sirvió de valioso auxiliar el viejo lobero don Juan Yate que le indicó la comarca donde se hallaba el mejor ciprés. En esta tarea demoraron desde el 12 de junio hasta el 5 de julio." ()
A media tarde de este día 8 de junio, intentaron nuevamente salir al canal Moraleda, ya que había moderado la intensidad del viento, pero la marejada llevó la goleta hacia una roca -sobre la que la embarcación estuvo sentada algunos minutos- por lo que debieron fondear en un surgidero de isla Valverde.
En la mañana del viernes 9 de junio, dieron la vela nuevamente siguiendo por el canal Perez Norte, pero esta vez enfrentaban vientos del SE, por lo que no podían avanzar. Hacia las 5 de la tarde, los vientos calmaron algo pero cambiaron de dirección, ahora del NE, por lo que volvieron a zarpar, pasaron entre las islas Garrao y Jechica, intentando eludir el paso por el canal Moraleda.
Siguieron navegando de noche: el práctico Miller -que llevaba firme el gobierno de la goleta- conocía en detalle estos canales.
Hacia las 4 de la madrugada del sábado 10, estaban pasando a la cuadra de la isla Bergantín y poco más tarde entre las islas Jertrudis y Cuptana. Aquí, el viento disminuyó su intensidad hasta calmar. Desde la medianoche debieron seguir avanzando al remolque, ésta vez por el canal Perez Sur.
Hacia las 2 de la mañana del domingo 11 de junio, el viento volvió a soplar del NE, por lo que dieron la vela nuevamente en dirección de Puerto Americano, donde se aproximaron al amanecer.
Dos chalupas, una del bergantín "Enterprise" y otra de la goleta ballenera "Beltzei" también estadounidense, salieron en ayuda de la "Ancud" y la remolcaron hasta la bahía donde surgieron hacia las 08.45 horas.

Lunes 12 de junio
al miércoles 5 de julio:
nueva recalada
en Puerto Americano
Hacia las 9 de la mañana, Guillermos volvió a reunir a su gente en el espacio destinado a comedor:
Ustedes saben que no me gusta la idea de recalar antes de llegar a destino. El Gobernador quiere que apuremos la navegación, no sea que lleguemos tarde, dijo el capitán mientras sujetaba su pipa nerviosamente.
Aquí tendremos trabajo hasta el momento de zarpar, y mientras tanto don Lorenzo se hará cargo con don Juan Yates de labrar maderas y construir otra chalupa... Voluntarios para el hacha!, agregó Guillermos mirando con ansiedad a su gente; varias manos se levantaron espontáneas.
Esta recalada forzosa en Puerto Americano, retrasaba el viaje, pero Guillermos hizo realizar diversos trabajos a su gente, para mantenerlos ocupados y evitar el desánimo: pescar y mariscar, ordenar la carga en la goleta, eran las faenas más frecuentes cuando la lluvia y el viento amainaban, además de la propia construcción de la nueva chalupa.
En esta faena, el carpintero Lorenzo Aro y parte de la tripulación, tuvieron un rol primordial acompañados del lobero () Juan Yates, que conocía los mejores bosques de ciprés del sector.
Pero además, otro aspecto del viaje se iba a beneficiar con esta recalada.
Aquí en Puerto Americano, aprovechando la presencia del "Enterprise", que llevaba cartas de navegación de Robert Fitz Roy, sobre los canales occidentales de la Patagonia y del Estrecho hacia el cual viajaban, Juan Guillermos solicitó al capitán Ash autorización para copiar dichas cartas; los dos capitanes conversaban fácilmente en su idioma nativo inglés, por lo que había perfecta correspondencia entre ambos.
El capitán Guillermos dispuso entonces que el naturalista Bernardo Philippi sacara copias a mano alzada de estas valiosas cartas, dibujos que resultaron ser de muy buena calidad y de gran utilidad para continuar la derrota. Además, en retribución de los servicios prestados por los marineros de la goleta "Betzei", Phillipi copió una carta náutica del Cabo de Hornos. La copia de cartas náuticas a mano, era sin duda un trabajo de gran lentitud, ya que implicaba precisión y minuciosidad de parte del copista.
La tripulación de la "Ancud" además, debió proceder a calafatear la cubierta que se encontraba en mal estado, mientras otros tripulantes bajaron el ganado a tierra. Otro grupo salía a mariscar y a pescar, con lo cual se hizo una importante economía de víveres y se pudo volver a variar el rancho diario. Venancia habia encontrado en unas rocas un buen banco de choros, de manera que hizo acopio pensando en las necesidades que vendrian.
Es de notar aquí, el incidente del incendio del "Enterprise". En la noche del martes 20 de junio, hacia las 22.00 horas, el hombre de guardia de la "Ancud" dio la alarma de incendio en el bergantín-goleta estadounidense, surto a poco más de 100 metros de la goleta chilena. De inmediato el capitán Guillermos y algunos marineros se trasladaron en bote hasta el barco en peligro, despertando su tripulación. El fuego se había iniciado en un punto cercano a un pañol donde se guardaban 10 quintales de pólvora; fue extinguido rápida y oportunamente.
Durante esta permanencia de Puerto Americano, los tripulantes hicieron una sobria celebración de la fiesta de San Pedro, patrono de los pescadores y navegantes, el jueves 29 de junio.
El tiempo en este sector, durante la estadía de la "Ancud", siguió inestable entre días muy lluviosos, con vientos que se alternaban desde el NO. al SE. y días de calma.

Martes 4
al domingo 9 de julio:
en dirección al océano

El martes 4 de julio alistaron todo para zarpar. En la mañana, el marino Juan Yate se ofreció para acompañar a la goleta, en calidad de Práctico, por lo menos hasta el punto más austral del archipiélago de Chonos.
Juan Guillermos aceptó el ofrecimiento, a cambio de llevarlo a la caleta donde estaba su chalupa cargando maderas: para el capitán de la "Ancud" resultaba evidente que un hombre práctico en estos canales valía enormemente, más aún si se considera que no disponían de cartas náuticas completas ni detalladas para navegar, ni había isla o archipiélago que hubiese sido reconocido.
Intentaron zarpar pero un fuerte temporal del NW. se los impidió durante todo el día.
A las 08.15 horas de la mañana del miércoles 5 de julio se embarcó Juan Yates en la goleta y dieron la vela en dirección SE. Penetraron por el canal Moraleda, donde apreciaron una abundante vegetación y siguieron ese mismo día por el canal Errázuriz. Avanzaron unas 30 millas hacia el sur y con viento fresco todo el día: hacia el fin de la tarde surgieron en la costa Este de la isla Luz.
El jueves 6, continuaron por el canal Errázuriz costeando la isla Luz a su estribor y doblaron con calmas y ventolinas del Oeste por el canal Vicuña, teniendo la isla Humos a su babor, en dirección del océano Pacífico. En la noche siguieron navegando, pero a las 03 de la madrugada fondearon en el sector denominado Pájaros Niños.
En la mañana del viernes 7 de julio, dieron la vela con viento del NE., enfrentaron el canal Wickham, doblaron por la península Skyring y la punta Seal en dirección a la península Tres Montes la que ya divisaban en el horizonte.
Estaban saliendo al pleno océano.
Guillermos le dijo a Phillipi y al piloto Mabon: "Afirmarse ahora, que tendremos mar gruesa...", mientras oteaba el gris horizonte donde se confundian el oceano con las nubes.
Desde las 14 horas de la tarde en adelante, comenzaron a recibir fuertes vientos y chubascos de diversas direcciones que hacían tumbar la goleta. Fondearon en una angostura hasta el fin de la tarde, cuando volvieron a levar anclas, con algún viento y chubascos.
A partir de las 10 de la noche, cuando los vientos calmaron, hubieron de continuar con la goleta a remos y a continuación, la goleta debió seguir remolcada con la chalupa hasta alrededor de las 3 de la madrugada del día siguiente. Entonces, se quedaron al pairo () y descansaron algunas horas.
El sábado 8 de julio amanecieron recalados entre la punta James y la punta Rescue, en un abra donde recibían una brisa débil. Zarparon nuevamente hacia las 10 de las mañana, aprovechando la marea que los tomó a favor y siendo remolcados por la chalupa.
A media mañana el viento comenzó a soplar del SSE. por una hora, aflojando a continuación: quedaron entonces voltejeando () teniendo viento y marea contrarios. Apenas avanzaban y estaban sometidos a la fuerza poderosa de los elementos en pleno océano, por lo que se aproximaron a la costa para capear los vientos.
Como observaran en la mañana una colonia de lobos marinos en las proximidades de la punta Pringle, enviaron una chalupa con el voluntario B. Phillipi y dos marineros, para aprovisionarse. Regresaron hacia las 4 y media de la tarde con 14 cueros de lobos y tres lobos completos y algunas partes comestibles de los animales cazados, para incorporarlos a la alimentación de a bordo.
Habían avanzado solo 7 millas, de manera que dieron fondo próximos a la costa, a la espera de mejores condiciones.
En la mañana del domingo 9 de julio levaron el ancla y continuaron a remo hasta las 2 de la madrugada del lunes 10, surgiendo entonces en otra caleta al abrigo de las mareas y vientos.

Lunes 10 al
martes 25 de julio:
esperando tiempo propicio
en isla Las Cabras

A las 6 y media de la mañana del lunes 10 de julio levaron ancla, para seguir camino unas dos millas más adelante, ya en las proximidades del cabo Raper en la península Tres Montes. Juan Guillermos, en vista de la inclemencia del tiempo, iba poco a poco acercándose al golfo de Penas, usando el recurso de ir "caleteando" en la costa, cada vez que el clima se volvía adverso.
Los fuertes vientos los obligaron a buscar refugio en una caleta de isla Las Cabras (): pocos días antes, el 5 de julio, había cambiado la luna de cuarto creciente a luna nueva...().
La estadía en isla Las Cabras habría de ser larga, a la espera que el tiempo sea favorable a la continuación de la navegación.
Obsérvese que el viaje se realizó en pleno invierno, por lo que las condiciones de vientos, mareas y temperaturas fueron rigurosas. La pericia marinera del piloto Mabón, secundado por el práctico Miller, debió ser esencial para asegurar la continuación de la travesía.
Las faenas a bordo estaban repartidas según la experiencia de cada uno de los tripulantes: los marineros se ocupaban por turnos del trabajo con las velas y las jarcias y de remar, también por turnos, desde la chalupa cuando el tiempo lo permitía.
Hal interior de esta reducida tripulaciín habían funciones esenciales que se repartían a turnos: habían vigías, veleros, navegantes, etc.
Mientras tanto, Ignacia y Venancia, las dos mujeres de a bordo, se ocupaban de la cocina diaria, preparando el rancho con los víveres que llevaban () y, sobre todo, con la pesca que lograban los tripulantes. Todos estos trabajos eran distribuídos con la máxima organización posible por el propio capitán Guillermos, atendiendo además al clima cambiante.
Temprano, el viernes 21 de julio alistaron la goleta para continuar viaje: se embarcó la chalupa y se hicieron todos los aprestos, pero un fuerte viento y lluvia del NW. los dejó en el mismo lugar, temporal que duró hasta el domingo 23.
Durante estos interminables días y noches de vientos huracanados, de encierro casi obligado y de lluvias, la única nota de esperanza la puso una cabra que venía en la goleta, la que parió una hembrita el 22 de julio, en la propia cámara de oficiales, singular labor para la que sirvieron las dos mujeres de la tripulación.
El lunes 24 de julio, seguían teniendo tiempo variado, inestable y fuertes vientos.
Hacia las 10 de la mañana del martes 25 dieron la vela, volvieron a embarcar la chalupa y abandonaron el puerto, pero hacia las 3 de la tarde recibieron vientos variables del W. y del SW., por lo que tuvieron que buscar refugio, encontrando un surgidero ya conocido en la punta Pringles.

el trabajo en los inicios de la patagonia - 1843 - la expedición de la goleta ancud al estrecho de magallanes - 2



Miércoles 26 de julio
al miércoles 2 de agosto:
una grave avería
los retrasa nuevamente

El miércoles 26 de julio amaneció muy helado, sin vientos y con cielo despejado, por lo que a las 7 de la mañana levaron ancla y salieron a remo del surgidero, pero a poco andar por el canal Factoahawn comenzaron a recibir el viento Sur, por lo que dieron la vela con rumbo al cabo Taitao.
El tiempo continuaba inestable, los vientos rolaban de una y otra dirección, obligando a la goleta a navegar con extremas precauciones.
El jueves 27 el tiempo inestable continuaba, con viento fresco del W. hacia el mediodía, condición que se mantuvo todo el día. Relata el propio Guillermos esta parte de la travesía: "...a las 6 p.m. viento recio y mar gruesa, tomé vizos en la mayor y trinquete cuyo tiempo duró sin variación hasta medianoche..." ()
Al amanecer del viernes 28, la goleta recibía fuertes golpes de mar desde el W. y SW., frente al cabo Raper, pero sin embarcar agua.
Los dioses del mar parecían desencadenados: tenían mar gruesa, con fuertes vientos, "...i viento mui recio sin entrar encima de cubierta un solo golpe de mar, aunque el buque trabajaba mucho, encontró una mar elevadísima", según escribe el capitán Guillermos.
En la mañana, hacia las 08.00 hs. se tapó la bomba con algunas virutas, debido al cabeceo de la embarcación (), por lo que ordenó de inmediato que se achique el agua con baldes, desde la cámara. Hacia las 09.00, cuando ya aclaraba el día, lograron sacar toda el agua del buque, pero a las 09.30, "...la goleta recibió un fuerte golpe de mar en frente la jarcia del palo trinquete, que hizo temblar el buque, pero sin reventar adentro..."
A las 10 de la mañana, el viento volvió a cambiar de dirección, ahora hacia el sur-suroeste, "...con la misma violencia, el rumbo navegándose y el cabo de Tres Montes demorando por la poca distancia de doce a quince millas..."
Entonces sobrevino lo peor: "...a las diez di vuelta por el oeste, cuando sentimos mucho ruido de agua en la bodega, mande a achicar la bomba y con baldes por la cámara, i después de tres cuartos de hora sin cesar el agua siempre aumentaba en la bodega y con los fuertes balances, la agua siempre aumentaba en la bodega estaba mojando todos los víveres. En este conflicto, se rompió el macho de fierro del timón."
Juan Guillermos ordenó achicar el agua, pero ésta se incrementaba en la bodega no siendo suficientes ni las bombas ni los baldes que se turnaban para la maniobra.
El capitán, tratando de conservar su sangre fría, daba instrucciones con fuerza y a gritos, para vencer al viento huracanado. Pero la avería era grave.
Se había roto el macho (o eje) metálico del timón, por lo que se dificultaba gobernar la nave, por lo que Guillermos decidió regresar a un puerto seguro de recalada provisoria: forzó la vela, y viento en popa navegó en dirección NNE. hasta las 7 de la tarde.
Guillermos llamó a quienes lo acompañaban en la conducción de la goleta (Miller, Mabón y Phillipi), y procedieron a inspeccionar la avería. Decidieron buscar un punto de recalada de emergencia, el que encontraron a 7 millas al norte del cabo Raper, en la bahía Cliff, por la que habían pasado el miércoles anterior.
En este precario fondeadero, que estaba frente al océano, se revisó la carga, se achicó nuevamente el agua de la bodega, pero el ingreso de agua continuaba debido al contínuo balanceo de la goleta y a la mar gruesa.

Sábado 29 de julio
al martes 1° de agosto:
de regreso
hacia un puerto seguro

Había que tomar una decisión grave frente a la naturaleza de la avería. En primer lugar, había que mover la goleta de este lugar poco abrigado, y al mismo tiempo había que intentar reparar la avería, lo que no era posible con los recursos y herramientas disponibles a bordo.
Por lo tanto, Guillermos hubo de tomar una decisión drástica en vista de la avería sufrida: intentar regresar a Puerto Americano, en el archipiélago de Chonos, y enviar una chalupa con un pedido de ayuda de regreso a Chiloé.
Relata Juan Guillermos: "...el día 29 a las seis...arribé con toda fuerza de vela, el tiempo moderando mucho pero la mar lo mismo. A las 8 descubrí dónde hacía el agua, por el lado de estribor en frente de la tabla de jarcia del palo trinquete i por espacio de donde pies estaba rajada la tabla arriba i suspendió la tapa-regala como tres pulgadas en todo este largo, siendo bajo el agua no boyaba el buque cinco minutos..." Decidió entonces internarse por el canal Henery y el canal Moraleda para regresar a Puerto Americano.
Los marinos se miraban con desazón entre ellos, pero nadie decía nada. Millas y millas de mar recorrido hacia el sur, para ahora tener que regresar al mismo punto de partida de principios del mes...
El domingo 30 de julio amaneció el tiempo calmado, de manera que la goleta viajaba arrastrada hacia el W. por la marea vaciante (), pero hacia la media tarde tuvieron viento del SO, por lo que enfilaron hacia el canal Henery, para intentar retomar a continuación el canal Errázuriz. Navegaron en esas condiciones toda la noche.
El lunes 31 de agosto siguieron soportando tiempo variable: calmas y brisas variables en la mañana, mareas al mediodía. Recalaron algunas horas en la madrugada del 1° de agosto en un surgidero abrigado, lugar donde encontraron abundancia de mariscos, entre las islas del grupo Herrera.
Siguieron la derrota a las 9 de la mañana del martes 1° de agosto, con brisas flojas y obligados a ir voltejeando por el canal Moraleda en dirección Norte.

Miércoles 2
al sábado 26 de agosto:
una larga recalada
en puerto Americano

A las 3 de la madrugada del miércoles 2 de agosto, dieron fondo en la boca de Puerto Americano y esperaron la salida del sol para encontrar el surgidero adecuado.
Al aclarar la mañana, el capitán Guillermos ordenó continuar a remo dentro de Puerto Americano hasta el surgidero.
La fortaleza del capitán Guillermos y su tripulación estaban ahora a prueba; nuevamente quizo darles aliento y confianza en la misión:
El tiempo no nos ha acompañado, pero dos vientos y tres tormentas no me van a derrotar, dijo el capitán, mirando fijo a los ojos a sus hombres y mujeres reunidos dentro de la estrecha goleta.
Un grupo deberá viajar a Ancud en busca de ayuda, mientras nosotros esperamos trabajando y continuaremos después, agregó con serena seguridad. Todos miraban en silencio al jefe.
Voluntarios no faltan para ir a San Carlos, dijo el prusiano Phillipi, entre serio y con cierta ironía entusiasta, mientras levantaba su mano.
De hecho, don Phillipi no va a viajar solo, ¿no es cierto?, acotó el práctico Carlos Miller sumándose a la peligrosa travesía.
Don Bernardo, usted se hace cargo de este viaje a Ancud y le doy cinco marineros para que naveguen, junto con don Carlos, sentenció Guillermos satisfecho del ánimo de su gente.
Ahora comenzaba una dura faena. Sin mayor demora, Guillermos ordenó desembarcar la tropa para que construyeran un cobertizo al abrigo en la playa; dispuso que se bajen los víveres a tierra y se procedió a descalar el timón, faenas que duraron todo el día hasta entrada la noche.
Guillermos decidió que la única forma de continuar la expedición hacia Magallanes, era enviar una chalupa de regreso a Chiloé con el propósito de traer el macho de timón reparado y con una provisión de víveres suficiente. Guillermos discutió en detalle el asunto con Miller y Phillipi y decidió que la arriesgada expedición se hiciera con 5 marineros y el práctico Miller, todos bajo la dirección de Phillipi, urgiendo a éste para que acelere su partida.
El jueves 3 de agosto, desde la madrugada, se continuó con la revisión de los víveres y se procedió a alistar la chalupa para despacharla a Chiloé.
Entre estos preparativos, Guillermos tuvo tiempo para redactar alguna correspondencia destinada a su superior en Chiloé, en la que relataba el accidente en vívidos términos. La chalupa con Miller, Phillipi y sus marineros partió hacia las 3 de la tarde de este día.
El texto inédito e integral de esta interesante carta es el siguiente.
Goleta de Guerra Ancúd= Puerto Americano Archipielagos de los Chonos- Agosto 3 de 1843=
En cumplimiento del articulo 1 de las Instrucciones que recibi de esa Intendencia sobre mi derrota para los estrechos de Magallanes, me quedé fondeado en la goleta de mi mando en un puertecito formado por unos islotes á la vista y distancia de siete millas de la Peninsula de Tres Montes, esperando un tiempo de seguridad para pasar hasta el golfo de Penas.
El dia 26 de ppdo mes de julio el barómetro á 30,20 luna nueva, amaneció el día muy hermoso y prometio duracion de tiempo bueno; á las siete de la mañana dí la vela y me diriji por el cabo de Factoahawn, viento fresco de la SE á las cinco al viento cambió al Oeste y despues quedo en calma; á las ocho p.m viento fresco muy oscuro con neblina no pude regresar sin mucho peligro por las piedras é islotes sin numero en este lugar; seguí mar a fuera á las diez p.m, el cambio al NO fuerte dirijo al Sud, el dia siguiente 27, día claro, viento fresco del Sud hasta las doce, á esta hora cambió el viento al Oeste con fuertes chubascos: á las seis p.m viento recio y mar gruesa tomé vizos en la mayor y trinquete cuyo tiempo duro sin variacion hasta media noche; el 28 amaneció lo mismo mar y viento muy recio sin entrar encima de cubierta un solo golpe de mar, aun que el buque trabajaba mucho encontro una mar elevadisima; á las ocho a.m se tapo la bomba con algunas birutas, achiqué con baldes por la cámara mientras tanto aclaró la bomba que á las nueve quedo corriente y el buque sin agua: á las 9 h 30 am la goleta recibió un fuerte golpe de mar en frente la jarcia del palo trinquete que hizo temblar el buque pero sin rebentar adentro; á las diez cambio el viento al SSO con la misma violencia el rumbo navegándose y el cabo de Tres Montes demorando por la poca distancia de doce á quince millas; á las diez di vuelta por el Oeste cuando sentimos mucho ruido de agua en la bodega, mandé á achicar la bomba y con baldes por la cámara, y despues de tres cuarto de horas sin cesar el agua siempre aumentaba en la bodega y con los fuertes balances, la agua por todas partes en la bodega estaba mojando todos los víveres. En este conflicto se rompio el macho de fierro del timón.
Llame á los SS oficiales que me acompañan á presenciar la rápidez con que se aumenta la agua en la bodega y la perdida que estábamos sufriendo en los viveres. Á las doce me resolví de arribar viento en popa para el primer punto de arribo tanto por la rotura del macho y agua que hacia como la gran pérdida de víveres, entonces tuve el gran consuelo de ver que no era en sus fondos donde hacia el agua porque á poca diligencia quedó seca la bodega y el buque no hacia mas agua que de costumbre aun los balances era muy grande y la mar muy alta reventado, pero la bomba estaba probada cada cinco minutos en este acto de correr en popa con una mar de esta naturaleza me hizo ver las propiedades inmejorables de la goleta de Ancúd y lo bueno de sus palos.
El barómetro durante estos dias á 29-30 fecha 47= segun rumbo al NNE hasta las siete de la noche cuando orze al viento () á esperar el dia para entrar en algun fondeadero, teniendo mucho recelo por el timon.
El dia 29 á las seis el cabo Factoahawn demorando S 11= e distancia diez millas, arrive con toda fuerza de vela,, el tiempo moderando mucho pero la mar lo mismo: á las ocho a.m. descubri donde hacia el agua, por el lado de estribor en frente de la tabla de jarcia del palo trinquete y por espacio de doce pies estaba rajada la tabla arriva y suspendió la tapa regala como tres pulgadas en todo este largo siendo bajo el agua no boyaba el buque cinco minutos entonces me diriji por el canal de Henerg con destino á este puerto para reconocer los víveres y ser mas inmediato para conseguir otro macho para el timon y todos los dias 29,30,31 y el 1 del presente vientos y calma mayor, parte del tiempo á remo: el dia 2 á las siete de la mañana dimos fondo en este puerto, inmediatamente mande á la tropa á tierra para techar una casa mientras los de marina descargaban los viveres y desencalaban el timon: á las dos de la tarde todo estaba bajo de techo, y segun mi calculo habra como 20 quintales de galletas que queda cuasi masa y no sirve ni para los animales, los demas víveres á excepcion de dos sacos de frijoles no tiene novedad.
He considerado para el mejor del servicio en que estoy comisionado de encargar al Sr Dn Bernardo Philippi (voluntario de esta expedición) y la única persona que puede confiar en esta comisión de llevar el macho roto para que se haga otro por él, y hacer seis granpones conforme el modelo que lleva dicho señor, al mismo tiempo poner en conocimientos del viaje anciosamente esperando la contestación de U.S con el reemplazo de los víveres y otros pertrechos conforme la lista que lleva el Sr Philippi que yo componiendo las averias en esta de la tapa-regala es obra de dos ó tres horas.
El señor Philippi lleva la chalupa con cinco hombres de los mejores de la tripulación con doce dias de víveres, consumidos en este viaje hasta el dia 31 de julio. Juan Guillermos. Dios guarde a U.S =Sr Intendente Comandante de Armas de la Provincia de Chiloé. ()
El balance de las averías, era serio, ya que al revisar la carga y sobre todo las provisiones de boca, encontraron que la "galleta marinera" () y otros alimentos se habían deteriorado irremediablemente con el agua de mar.
La chalupa llevaba víveres para 12 días de navegación.
En la misma correspondencia que llevaba Phillipi a Chiloé, le envía Guillermos al Intendente Espiñeira una lista de materiales que necesita, para ejecutar las reparaciones a la Goleta, nómina inédita que expresa lo siguiente.
Pertrechos que se necesitan para la goleta de guerra Ancud
seis achas
un barril alquitran
uno iden de brea
dos piezas lona numero 1 de 6 cada una
cuatro libras hilo de velas
una pieza jarcia de una y media pulgadas
diez libras clavo de bote
diez id de forro
dos paquetes tachuelas
un macho de timon
seis granpones grandes de fierro

Al ancla Archipielagos de Chonos.
Agosto 3 de 1843= Juan Guillermos
Documento numero 2"
A su vez, junto a este interesante pedido de materiales, Juan Guillermos con la minuciosa objetividad del marino profesional, le envía a su superior una relación detallada de los víveres que se han consumido en la travesía, cuyo texto inédito es el siguiente.
"Numero 3
Relacion de los víveres consumidos a bordo de la goleta de guerra Ancúd desde el 20 de mayo incluso hasta el 31 de julio inclusive de 1843.
mil seis cientos sesenta y cinco libras de galleta
ochocientas treinta y dos libras de charqui
ochocientas treinta y dos id de frijoles
cuatro cientas diez y seis id de harina
59 l 12 on cincuenta y nueve libras doce onzas de grasa
59 l 12 on cincuenta y nueve id de sal
12.l 15.02/8 doce libras quince onzas de ají
100 l 14 on cien libras catorce onzas de azúcar
treinta y seis libras de ierva
ciento treinta y ocho pies nueve pulgadas velas
A la ancla en el Puerto Americano- Archipiélago de Chonos. Agosto 3 de 1843=Juan Guillermos
De esta curiosa relación, puede uno deducir e imaginar la precariedad del rancho que se sirvieron los tripulantes durante estas primeras semanas del viaje: frijoles, charqui, galleta marinera, algún pescado y marisco capturado durante las recaladas, y como austero condimento, solo ají y sal.
Consumían además, como es propio de la tradición popular y chilota, bastante hierba mate con azúcar, bebida que permitía enfrentar los fríos dominantes.
La avería sufrida por la Goleta era seria, como nos lo grafica el Diario: "Una tabla de la cinta se había rasgado como 12 pies, ofreciendo una abertura de tres pulgadas en esa lonjitud, oríjen de la cantidad de agua que hacía la goleta cuando amuraba por babor, avería que se ocasionó con un golpe de mar" ()
El riesgoso viaje de la chalupa a Chiloé, no estuvo exento de peripecias y puede considerarse también una notable hazaña, dentro del viaje que estaba realizando la "Ancud". Escribe Macías sobre esta travesía de regreso: "Al mando de Bernardo Phillipi, con Carlos Miller y cuatro remeros, portando una detallada carta del Comandante para el Intendente Domingo Espiñeira, al oscurecer del 3 de agosto, la comisión en una chalupa a remos abandonó Puerto Americano. Tescientos kilómetros separan Puerto Americano de la isla grande Chiloé. Esta es la distancia que empezaban a recorrer en una chalupa abierta de siete metros, en pleno mes de invierno. Un poco de agua dulce y algo de pan duro que logró salvarse del cuasi naufragio constituirían la comida de seis hombres que se turnaban en el remo ya fuera para el descanso o para no congelarse de frío. Durante cinco días y cinco noches, navegaron y remaron sin cesar para cruzar las Guaitecas... Fatigados, desnutridos con hambre y con frío, al quinto día arribaron a Dalcahue, para proseguir por tierra y llegar antes de Ancud. En Dalcahue, Phillipi consiguió un caballo y olvidándose de su propio agotamiento prosiguió el largo recorrido. Ciertamente no conocía el camino que, en pésimas condiciones, se dibujaba bajo los corpulentos robles. Peró llegó. Jadeante, se presentó ante Espiñeira, quién creía que los expedicionarios ya estaría en Magallanes..." ()
Después de fabricado un nuevo macho del timón para la goleta y obtenido los aprovisionamientos necesarios, el grupo de Phillipi, Miller y los remeros, regresaron a Puerto Americano. Ante el notable mal estado en que había quedado la embarcación que los trajo a Ancud y que dejaron en Dalcahue, optaron por viajar esta vez en una lancha proporcionada por un experimentado piloto de Ancud, quién dirigió personalmente su nave hasta el punto en que se encontraba la "Ancud".
Mientras tanto, ¿qué sucedía en Puerto Americano?
Durante esta recalada forzosa, los tripulantes se dieron a las tareas de fabricar una chalupa, para lo cual recorrieron la comarca en busca de buenas maderas de alerce y al calafateo de la cubierta de la goleta, mientras Venancia e Ignacia, sacaban el ganado para pastar, en las proximidades de la playa.
Se recorrieron además, los víveres, para secarlos lo mejor posible; y aprovecharon además, para mariscar en las cercanías de la playa con lo que economizaban las provisiones.
Pero sin duda, la faena más dura y pesada que tuvieron que realizar consitió en varar la goleta en una playa adecuada de Puerto Americano, a fin de poder realizar los trabajos de descalado y posterior calado del timón: esta es una de las razones más evidentes que explica, además del viaje de 23 días de la chalupa a Chiloé, el largo período de estadía en Puerto Americano.
Según el registro del Bitácora de la goleta, durante la estadía en Puerto Americano el tiempo fue predominantemente lluvioso con frecuentes vientos y temporales provenientes del SE.
En Puerto Americano estaban a una distancia entre 90 a 100 leguas (medida usual en la época) de San Carlos de Ancud...
Phillipi permaneció en Ancud 9 días, "...los estrictamente necesarios para preparar los pertrechos, hacer la galleta y las obras de herrería...", según le escribe Espiñeiro al Ministro del Interior el 19 de agosto de ese año. (). Los esforzados navegantes, dirigidos por Phillipi regresaron a Puerto Americano en un lanchón que fue facilitado por Juan Chávez, un antiguo vecino chilote residente en Ancud.
Para elevar la moral de su enviado, el Intendente Espiñeira, le envía con Phillipi una extensa nota, hasta hoy inédita, en la que con conceptos sobrios, encomia el esfuerzo de los marineros y los insta a continuar el viaje.
Numero 342= Ancúd agosto 16 de 1843=
Se suponía á U. en el estrecho de Magallanes y en nada pensaba menos que en el suceso que há retenido la expedicion confiada al ciudadano de U. pero la llegada del naturalista prusiano Dn Bernardo Philippin me advierte las particularidades de tan desagradable acontecimiento y que la goleta de guerra Ancúd no habiendo podido doblar la peninsula de Tres Montes quedá fondeada en el puerto Americano situado en una de las islas del archipiélago de los Chonos. Esto mismo me lo detalla U. En su parte del dia 3 del mes que rije que voy a remitir en copia al dar cuenta de este accidente al supremo gobierno. Para él no habrá nada de nuevo en el incidente que ha paralizado por algunos dias la expedicion á Magallanes porque sabe cuan frecuentes son estos sucesos en los viajes de mar y tiempos ivajando por rejiones de tan abansada latitud y en la estacion de las lluvias: ademas el invierno há sido riguroso hasta en la parte norte del pais y todas estas razones han de ser apreciadas (no tengo la menor duda de ello) con la debida equidad por la sabiduría de nuestro gabinete.
Esta convicción debe alentar el animo de U. para continuar en el viaje con el mismo entusiasmo que lo há emprendido sin olvidar que despues de estas dificultades que son las verdaderas lecciones de la esperiencia hay mayores motivos para contar con un completo buen exito por la misma razon que hoy doble merito en contrastarlas y vencerlas: las empresas notables siempre fueron costosas, siempre dificiles en sus principios no dudo que U. comprenda este nuevo empeño en que le ponen los sucesos, y por mi parte no trepido en esperar de su celo que há de saber sufrir las faltas que ocurrieren en la continuacion del viaje y reanimar con un empeño patriótico el espiritu de l agente que expediciona si en alguna parte hubiese sufrido por consecuencia de los obstáculos que se han tocado hasta aqui, el caballero Philippi sale hoy á reunirse á U. Con la jente que trajo llevando las obras de herreria, los víveres reemplazo y los articulos navales que U. Me há pedido como indispensables para que siga la expedicion á su destino.
Al despedir la lancha en que se transporta todo hará U. sus prevensiones al piloto Chaves para que no corra riesgo la gente que la tripula ni peligre la embarcacion en su viaje de vuelta á este puerto.
Por razon del retardo experimentado en el viaje en la goleta Ancúd hay que hacer alguna alteracion en la instruccion 9ª contenida en el pliego de las que di á U. el 18 de mayo del presenta año. Aquella parte de mis instrucciones le ordeno á U. volver a esta plaza el 1º de septiembre proximo y estando tan inmediata aquella fecha há venido á ser preciso que este viaje lo verifique U. discrecionalmente luego que se hayan reunido por su parte y la del Sr Dn Bernardo Philippi todos aquellos datos que se le tienen recomendados; y por haber ya prescrito las precauciones y medidas de seguridad de que debe estar en posesion antes de emprender el referido viaje no se le remiten ahora á U. y solo se le encarga que antes de ponerse en viaje para esta provincia dejando en Magallanes una parte de los expedicionarios há de quedar asegurado de que puede volver por ellos en la misma goleta Ancúd dentro del buen tiempo del proximo verano si el gobierno se decide por la colonizacion del estrecho, pues hasta ahora nada puede saberse en órden á este particular por la falta de datos y por no haber recibido esta Intendencia comunicaciones relativas á este negocio.
Dios guarde á U.
D.Espiñeira.
Al Capitan de Fragata graduado de la Marina Nacional encargado de la expedicion á Magallanes Dn Juan Guillermos. ()
Y de inmediato Espiñeira informó a Santiago del incidente ocurrido, a través de la siguiente comunicación también inédita.
"Ancúd agosto 19 de 1843
Señor Ministro:
Por uno de aquellos sucesos tan comunes en los viajes de mar ha experimentado al retardo en el suyo al estrecho de Magallanes la expedicion que salio de este puerto para aquel punto el 22 de mayo del presente año segun tuve la honra de anunciarlo al Gobierno en la nota que diriji á U.S el 23 del mismo bajo el numero 204.
En el parte que incluyo á U.S en copia con el numero 1 da cuenta el capitan Don Juan Guillermos jefe de la citada expedicion de los sucesos que le han obligado á retroceder desde la península de tres montes y tomar el puerto americano situado por los 45 grados de latitud y á una distancia como noventa á cien leguas de esta ciudad en el citado puerto espera Guillermos con la Goleta Ancúd que sirve a los expedicionarios los los pertrechos que se relacionan en el documento numero 2 y los viveres para reponer los consumidos que se mencionan en el numero 3 cuyas especies se las he remitido el 17 del mes actual á cargo del naturalista prusiano Dn Bernardo Philippi que ha sido el conductor del parte y que se me presento el dia 7 en una de las chalupas de la expedicion.
Los nueve dias que ha permanecido aqui el Sr Philippi han sido los estrictamente necesarios para preparar los pertrechos, hacer la galleta y las obras de herrera, pues y esta plaza estan desprovista de auxilios que en casos semejantes nunca se encuentran dispuestas las especies como en Valparaíso á otro punto semejante y de gran tráfico.
El ciudadano Don Juan Molina, vecino de esta ciudad se há servido franquearme un lanchón de su pertenencia que hé tripulado competentemente para que sirva al transporte de las especies y de la gente que trajo en la chalupa el Sr. Philippi: dicha embarcación es muy segura espero que há de llegar con felicidad al Puerto Americano y regresar á esta en pocos dias.
Luego que la tesoreria de la Provincia haya pagado los gastos daré cuenta á U.S con remision de los documentos para la debida inteligencia de gobierno.
Señalada con el numero 4 adjunto á U.S copia de la comuniacion que hé dirijido al capitan Guillermos.
Dios gue. á U.S
D. Espiñeira
Al señor ministro del Interior."
Mientras tanto duraba esta nueva y forzada recalada en Puerto Americano, los marineros se repartieron las faenas de recorrer los víveres colocándolos al sol para secarlos del agua, se dedicaron a mariscar en las playas cercanas para mejorar el rancho diario, volvieron a calafatear la cubierta (con la brea recién llegada) y se repararon algunas averías menores.

Sábado 26 de agosto
al viernes 8 de septiembre:
con nuevas provisiones y repuestos
se repara la goleta

El esforzado Phillipi y sus marineros llegaron finalmente con los repuestos a Puerto Americano el sábado 26 de agosto, informando que la lancha que conducía los víveres, con el práctico Miller y el piloto chilote Chavez, se encontraba a unas 12 millas de puerto Americano, en espera de buen viento y marea favorable. Regresaban entonces dos embarcaciones: una con Phillipi y tres marineros, y la otra con el práctico Miller, una lancha cedida por el chilote Juan Molina y que iba conducida por Chavez y dos marineros.
En la mañana del domingo 27 de agosto, Guillermos envió la chalupa en busca de la lancha, regresando a Puerto Americano esa misma noche con el voluntario Phillipi: ahora estaban los machos nuevos para el timón y los repuestos, pero los víveres solicitados a Chiloé se quedaron en la lancha a cargo del práctico Miller.
El lunes 28 de agosto en la mañana, salió nuevamente la chalupa de la goleta en demanda del abra donde se encontraba la lancha con Miller. Ambas embarcaciones llegaron a Puerto Americano hacia las 23.00 horas de la noche.
El ciernes 29 de agosto, se realizó el trasbordo de una parte de los víveres a la goleta, colocándose el resto en la playa.
De regreso a Chiloé, con el piloto Chaves en la chalupa que trajo los víveres, Guillermos aprovechó el viaje para enviarle a Espiñeira la siguiente nota inédita.
Numero 3= Goleta de Guerra Ancúd= Puerto Americano= Islas de Chonos=septiembre 6 de 1843.
El 26 del proximo pasado mes de agosto á las once de la noche recibi la correspondencia de US. fecha 16 de mismo conducida por la chalupa, la lancha no pudo llegar á este punto hasta el 29 por motivo del tiempo recio que ha reinado en este por muchos dias.
Recibi por dicha lancha los víveres que condusio el Sr voluntario Dn Bernardo Philippi y los demas pertrechos navales pedidos por la goleta Ancúd, en excelente estado, que en el acto principio á la compostura de la avería que sufrió la goleta en el temporal del 28 de julio.
He tenido que calafatear toda la cubierta de nuevo y parte del costado por la seguridad de los víveres, pero el tiempo me há atrazado mucho con las continuas lluvias; solamente ayer conclui de embarcar todo; y tengo ahora la satisfaccion de anunciar á Us de la goleta de guerra Ancúd, esta más segura que nunca, ni hace la menor agua, y la jente sin excepcion muy entusiasta para llenar completamente á satisfaccion del gobierno, esta honrada comision en que está empleada. Nada mas tengo que añadir á Us solo de mi partida que es hoy mismo por un punto mas avanzado y en tal lugar espera la primer oportunidad que presente para seguir adelante. Anoche misma despaché la lancha que condució los víveres.
Y tengo todos los motivos por el buen estado del buque y empeño de todos ábordo de que muestra expedicion sera coronada con toda felicidad=Dios guarde a Us =Juan Guillermos = al Sr Intendente de la provincia de Chiloé. (35)
Debido a las diferencias de tiempo originadas en la lentitud de las comunicaciones, Espiñeira informaba a mediados de octubre a Santiago, de la continuación del viaje desde Puerto Americano, mediante la siguiente nota inédita.
Numero 220 Ancúd, octubre 18 de 1843.
El dia 6 de septiembre anterior debe haber salido al archipiélago de los Chonos la goleta nacional Ancúd para proseguir su viaje al Estrecho de Magallanes segun lo anuncia el Capitan Don Juan Guillermos en el oficio que tengo la honra de acompañar á US en copia datada en el Puerto Americano en la ya citada fecha.
Dios guarde á US.
D. Espiñeira
Señor Ministro del Interior (36)
Pero, las preocupaciones de Guillermos no terminaban con la reparación de la goleta.
El lunes 4 de septiembre llegaron a Puerto Americano dos lanchas madereras procedentes de Chiloé, cuyos capitanes venían a negociar con el bergantín estadounidense "Enterprise"; se trataba de una operación de comercio bastante ilegal. El contrabando consistía en intercambiar carne y otros víveres, aportados por los chilotes, a cambio de tabaco, de que disponía abundantemente la nave extranjera.
Juan Guillermos decidió prohibir esta operación de contrabando, por lo que conminó al capitán del "Enterprise" para que abandone Puerto Americano y el archipiélago de los Chonos, bajo apercibimiento de declararlo contrabandista y por lo tanto, fuera de la ley en aguas chilenas.
Ante la renuencia del capitán estadounidense para retirarse, el martes 5 de septiembre en la mañana, Juan Guillermos procedió a embargar dos chalupas que aquel tenía en tierra, pero como esta medida no surtió efecto, el marino chileno amenazó con abrir fuego sobre el bergantín si no zarpaba de inmediato.
La embarcación estadounidense salió remolcada fuera de la bahía de puerto Americano, enviando sus botes a una caleta ubicada al Norte del mismo puerto.
Hacia las 10 de la mañana del miécoles 6 de septiembre, la goleta "Ancud" se hizo a la vela y con los remos, abarloaron junto al bergantín estadounidense, ocasión en la que el capitán chileno procedió a notificar a su capitán que se le encontraba en alguna caleta, rada o bahía de la República de Chile donde no hubiese autoridades del Estado, procedería a decomisar su buque y remitirlo a Chiloé a disposición de sus autoridades marítimas.
Pocas horas después, la nave estadounidense abandonó la costa y desapareció en el horizonte.
Los días 7 y 8 de septiembre la goleta permaneció todavía en Puerto Americano, a la espera de vientos favorables. Los trabajos diarios de pesca y marisqueo continuaban para hacer una buena provisión.

Sábado 9
a martes 12 de septiembre:
enfrentando el golfo de Penas

Emprendieron nuevamente la travesía desde Puerto Americano hacia el sur el sábado 9 de septiembre al mediodía; tenían vientos y mareas favorables ya que el día anterior se había producido un cambio de luna: de cuarto creciente a luna nueva.
Siguieron ese día por el canal Margarita y el canal Goñi. Para evitar las mareas del canal Moraleda, estaban decididos a continuar por canales interiores ubicados más hacia el océano, antes de enfrentar el golfo de Penas. Ese sábado surgieron en una isla del grupo Williams hacia las 20 horas y descansaron para la jornada siguiente.
El domingo 10 de septiembre, a las 7 de la mañana levaron el ancla y siguieron por el canal Margarita; hacia las 11 de la mañana pasaron a la cuadra de las islas Paz y Liebre: soportaban un viento travesía que soplaba del Norte y después del SSE.
El capitan Guillermos observo el horizonte cerrado con su catalejo y le comento a Mabon, quien iba aferrado a la caña: "Ya don Jorge, usted me aguanta a estribor los vientos del sureste y pasamos esta racha..."
Al mediodía del 10 de septiembre tenían el cabo Raper a 9 millas de distancia, y el viento y las mareas fueron calmando. Hacia las 4 de la tarde de ese día navegaban a la cuadra del cabo Raper teniendo la península Tres Montes a su babor. Escribe el capitán Williams en su Diario: "El cabo Raper, es como un tercio más alto que el de Tres Montes i parece como perpendicular, sin vestijio de verdura, la costa más estéril i desolada, que cuanto pueda imajinarse. Entre ambos cabos se hallan tres grandes playas de arena, pero inaccesibles de ser abordadas por ninguna embarcación por su mucha braveza." (37)
Entre la tarde y la noche del lunes 11, pasaron el golfo de Penas: habían superado el principal obstáculo en su travesía hacia el Estrecho de Magallanes.

Martes 12
al viernes 15 de septiembre:
travesía por el canal Messier

El martes 12 de septiembre, al amanecer tenían las islas Ayantao al Sur y entraron en el canal Messier (en los 48° de latitud sur), pasando entre la isla Juan Stuven y la península Sweet.
Al mediodía enfrentaron la llamada bahía Fatal donde identificaron un puerto seguro donde fondear. Describe Juan Williams las primeras millas del canal Messier en los siguientes términos: "La tierra, en el canal, por ambos lados es mui elevada, hallándose dos cimas cubiertas de nieve, llegando en algunas partes hasta la orilla del mar; pero abunda la madera de diferentes clases" (38). Estaban reconociendo a su paso las primeras estribaciones de Campos de Hielo Sur.
Hacia las 4 de la tarde, y teniendo la isla Wellington a estribor, los vientos se fueron calmando, por lo que intentaron infructuosamente seguir a remo, y describe Guillermos este tramo: "En este tramo del canal, la costa del Oeste es más elevada que la Oriental, poor cuyo motivo el mayor número de anclajes se señalan por el Este por ser menos profundos." (39)
Desde la medianoche hasta el amanecer del miércoles 13, los vientos comenzaron a soplar con fuerza del Norte, por lo que aprovecharon para avanzar, pasando por caleta White Kelp y caleta Lion. Observaron en este tramo del canal, además de grandes extensiones de bosque nativo, numerosas cascadas cuyo poderoso ruido les sorprendió: otra señal de las impetuosas aguas que descienden desde los Campos de Hielo Sur. El Diario ya citado describe la presencia de "carámbanos" (o icebergs) en la superficie del canal, los que dejaron atrás hacia las 10 de la mañana.
Este mismo día miércoles 13 de septiembre, hacia las 11 de la mañana tomaron contacto por primera vez con los aborígenes canoeros kaweshkar, quienes intentaron acompañarlos algunas millas. Eran los únicos navegantes que habían encontrado desde su paso por el Golfo de Penas.
Primero habían sentido extraños gritos desde tierra y a continuación vieron grandes humaredas: aunque el viento era fuerte la mar estaba calma por lo que podían navegar esas pequeñas embarcaciones. Hacia el mediodía, Guillermos detuvo el andar de la goleta, para que las embarcaciones de los aborígenes puedan alcanzarlos: al capitán le llamaba la atención que dichas canoas venían dotadas de velas, una de color rojo y otra blanca, algo desacostumbrado en los kaweshkar según sus conocimientos.
Pero el viento Norte se iba haciendo cada vez más recio, como que la goleta avanzaba a unas 5 millas por hora, por lo que fue preferible seguir navegando: izaron la vela redonda y siguieron su derrota. Durante la travesía, identificó Guillermos dos puntos apropiados como surgideros en las proximidades de la primera Angostura Inglesa.
Hacia las 2 de la tarde pasaron por la segunda Angostura, sector donde nuevamente percibieron embarcaciones kaweshkar que trataban de darles alcance, las que provenían del abra Eden. Pero teniendo viento fresco y favorable siguieron su derrota hacia el sur.
Hacia las 4 de la tarde y pasando por el paso del Indio (o Indian Reache) tenían enfrente la isla Saumarez, surgiendo a las 18.00 hs. en bahía Rocosa frente a esta isla. Por la noche se dedicaron a pescar con anzuelos, porque al parecer muchos de los tripulantes no pudieron conciliar el sueño: habían fondeado cerca de dos enormes y ruidosas cascadas perpendiculares de casi 200 metros de altura cada una, que caían directamente al mar...!
Tenían la isla Wellington a estribor y la península Exmouth a babor. (40) Grandes formaciones rocosas coronadas por milenarios bosques vírgenes y bandadas de ruidosos petreles, gaviotas y bandurrias, constituían el imponente escenario natural por donde pasaba la goleta en su ruta hacia su destino.
Al amanecer del jueves 14 de septiembre, dieron vela con viento flojo del NE. Abandonaron el surgidero frente a la isla Saumarez y continuaron descendiendo, mientras iban reconociendo fondeaderos adecuados, bautizando islas e islotes no identificados en sus cartas inglesas copiadas. (41)
Hacia las 4 de la tarde de este jueves iban en los 49° 44' S., teniendo siempre la isla Wellington a su estribor. Siguieron ruta navegando en la noche, con alguna brisa Sur y en las primeras horas de la madrugada alcanzaron los 50° Sur, dejando atrás la isla Wellington.
Los vientos seguían siendo favorables, como que a las 8 de la mañana del viernes 15 de septiembre pasaron a la cuadra de la isla de los Inocentes, en la que encontraron un buen surgidero, en la noche de este día siguieron navegando a menor velocidad, por el viento flojo del NO., el que se fue intensificando.

Sábado 16
y domingo 17 de septiembre:
por el canal San Esteban
y canal Smith

Hacia las 2 de la madrugada del sábado 16, estaban recibiendo un viento duro con cielo cargado de nubes y siguieron ruta hacia el SE., soportando incluso fugadas de viento pasando por la isla Robert a su babor.
Al mediodía enfilaban teniendo la isla Vancouver a su babor, recibiendo un recio viento que los empujaba. La goleta avanzaba a 8 millas por hora: estaban en los 51° 24' Sur.
Hacia las 18.30 horas embocaron por el canal Smith, pasando dos horas más tarde frente a la isla del Pasaje.
La goleta navegaba con viento Norte predominante y la noche del 16 al 17 de septiembre no recalaron para aprovechar el impulso; alguna llovizna les cayó hacia medianoche, pero continuaron adelante: las horas de oscuridad se iban haciendo cada vez más cortas.
El domingo 17 de septiembre siguieron navegando con viento fresco del NW y con cielo despejado, pasando a la cuadra de isla Larga. Hacia las 9 de la mañana, encontrándose a la cuadra de isla Reynard, notaron que los grandes acantilados y bosques avistados anteriormente, se iban cambiando gradualmente por islotes con arbustos y un paisaje visualmente más acogedor.
Al mediodía se encontraban a la cuadra de isla Fairway, observándose un leve cambio del viento al W., y aunque continuaron al Sur, el viento volvió a cambiar al NW: tenían a su estribor la isla Manuel Rodríguez y seguían avanzando en su derrota.
Hacia las 2 de la tarde, y siempre con un favorable viento del NW., cayeron a babor por el cabo Tamar: habían ingresado –por fin!- al buscado estrecho de Magallanes.








III. EN EL ESTRECHO DE MAGALLANES

Como se ha visto, el clima y los dioses del mar se habían manifestado benignos en los siguientes días después de atravesar el Golfo de Penas, y ahora que bordeaban la península Muñoz Gamero a mediados de septiembre, la navegación se siguió beneficiando de algunos días con vientos propicios del N. y NW.

Domingo 17 de septiembre
en la tarde:
ingresan en el Estrecho de Magallanes

El resto de la tarde del sábado 17, siguieron navegando entre la isla Figueroa a su babor y la isla Jacques a su estribor, pero aquí los vientos comenzaron a rolar del SW.: el estrecho de Magallanes se caracteriza porque sus vientos más fuertes y predominantes son del SW., mientras que sus chubascos más intensos provienen del NW. ()
En la noche, se acercaron a un abra de la isla Jacques, donde encontraron un surgidero algo seguro: frente a ellos tenían la península Córdoba de la isla Riesco.
En la cámara de la embarcación tarde en la noche, Guillermos, Phillipi, Miller y Mabón reunidos acordaron los detalles de la continuación de la expedición, después de la celebración patriótica del día siguiente:
Creo que ahora entramos a la parte más difícil del viaje, don Bernardo, opinaba el Capitán dirigiéndose al voluntario prusiano.
Ahora podría suceder cualquier cosa, por lo que tenemos que redoblar la vigía en cubierta, agregó Phillipi.
Mi impresión es que no tenemos aborígenes problemáticos en esta parte austral, pero yo me precavería sobre todo de las naves extranjeras que transitan todos los días por aquí, agregó Mabón, pensando en sus anteriores viajes.
El lunes 18 de septiembre, muy temprano al amanecer, los navegantes encabezados por su capitán, hicieron a bordo y antes de dar la vela, una breve y sobria celebración de la Independencia de Chile. Nos relata el Diario del Capitán Guillermos: "al rayar el sol llamé toda la tripulación sobre cubierta arbolando el pabellón nacional por primera vez en estas rejiones, haciendo una salva de 21 cañonazos con el cañón que llevaba montado i acompañado con los entusiastas vivas de la tripulación. Hice repartir entre ella un poco de vino para celebrar el día, oyéndose brindis mui entusiastas por S.E. el señor Presidente de la República, los señores ministros de Estado i el señor Intendente de Chiloé." ()
Pero las cosas no iban a ser muy fáciles a continuación.
Hacia las 7 de la mañana, en efecto, los vientos australes y los dioses del mar volvieron a sus andadas y un fuerte temporal los golpeó. El viento cambió a la dirección SE., lo que les obligó a navegar "de bordo y bordo", pero al pasar a la cuadra de la isla Shelter, el viento roló nuevamente ahora al NO soplando con gran furia. Escribe Guillermos en su Diario: "Viendo la mar mui ajitada por el NO., tomé la precaución de arriar toda vela, i apenas se concluyó la maniobra cuando cayó el viento como golpe de martillo haciendo escorar la goleta hasta meter media cubierta en el agua." ()
Durante el resto de las mañana y de la tarde, tuvieron nuevamente viento de popa lo que les permitió avanzar hasta el cabo Quod; hacia las 6 y media de la tarde el viento calmó completamente por una media hora, pero se levantó a continuación un furioso vendaval con chubascos, que los obligó a navegar a "palo seco", llegando hacia las 19 horas a bahía Borja () donde encontraron un surgidero apropiado.
Durante la noche del 18, tuvieron completa calma (o calma chicha, en el lenguaje marinero) y tiempo despejado. En la mañana del martes 19 de septiembre, dieron la vela teniendo una ventolina del SW. y avanzaron hasta la isla Carlos III pasando a la cuadra de su punta NW hacia las 9 de la mañana.
El aspecto del paisaje había venido cambiando notoriamente desde los canales antes mencionados: ahora las islas e islotes que veían en derredor presentaban tierras más llanas, escasa nieve en las cumbres y abundantes bosques.
A las 10 de la mañana pasaron la isla Carlos III y el viento se hizo más frío ahora soplando del NW. En las proximidades del paso Inglés y de la isla Charles pudieron observar la presencia de aborígenes fueguinos, los que les hicieron señales con grandes humaredas, pero aunque pasaron cerca de la costa de las islas Santa Inés y Clarence, siguieron ruta impulsados por los buenos vientos.
Hacia las 4 de la tarde, el viento calmó completamente cuando se estaban aproximando del cabo Froward, pero al poco rato los vientos rolaron, primero al NE, con fuertes fugadas que bajaban desde las alturas del cabo Froward. Más tarde, enfrentaron una fuerte marea proveniente de la costa Este del estrecho, y hacia medianoche recibieron una borrasca del W, por lo que se vieron obligados a buscar refugio, el que encontraron en la madrugada del miércoles 20 de septiembre en Snug Bay. ().
El miércoles 20 de septiembre, en la madrugada, enviaron un chinchorro a tierra para hacer aguada y leña, zarpando después la goleta hacia las 7 y media de la mañana con viento moderado del NW.
A las 3 de la tarde se hallaban en las proximidades del cabo San Isidro, y el viento cambió al N. con una fuerte marejada, por lo que debieron fondear en Eagle Bay o bahía de las Aguilas (6), en las proximidades del cabo San Isidro. En este punto desembarcaron nuevamente para hacer aguada y leña, haciendo el hallazgo de rucas de los aborígenes fueguinos.
En Eagle Bay permanecieron anclados todo el resto del miércoles 20, esperando que cambien los vientos, "saliendo de allí a las 7 de la mañana del día 21". ()

Jueves 21 de septiembre:
la llegada a la punta Santa Ana

Temprano, hacia las 8 de la mañana doblaron por el cabo San Isidro y enfilaron en dirección norte por el Estrecho.
Hacia las 10 de la mañana, pasaron a la cuadra de la punta Santa Ana, y habiendo observado en ese promontorio una asta de bandera, Juan Guillermos dispuso recalar en la bahía sur contigua, llamada de San Juan. El capitan Guillermos miraba una y otra vez con su catalejo el elevado palo de bandera en la punta Santa Ana y dijo preocupado a Phillipi: "Esto no lo esperaba, asi es que bajamos de inmediato, para apurar el tramite..."
La punta Santa Ana
y puerto Famine:
punto fundacional de la presencia chilena
en la Patagonia
La punta Santa Ana (), ubicada en la costa oeste de la península de Brunswick en el Estrecho de Magallanes, es una lengua rocosa que se extiende unos mil metros en dirección sureste en el mar, con escasa vegetación y algunos árboles y arbustos como coihues, canelos, leña dura y chaura, además del bosque caducifolio de Magallanes, representado por la lenga y el maitén chico, hacia el interior.
La superficie de este accidente, presenta un suelo vegetal en el que se desarrolla un estrato herbáceo duro y resistente y el bosque "siempreverde" de Magallanes, y su aspecto plano, sumado al estrato herbáceo, impiden los derrumbes o deslizamientos de tierra.
En el lugar existen algunos muy pequeños cursos de agua, cuya provisión es insuficiente para un asentamiento humano.
La bahía de San Juan, al sur de la punta Santa Ana, es la más adecuada para surgidero, con fondo de fango y conchuela.
Las dos características más relevantes de la punta Santa Ana son su ubicación estratégica, con respecto a la navegación en el Estrecho, y los fuertes vientos que la dominan a lo largo de todo el año.
En efecto, desde la punta y su promontorio en día despejado, es posible tener una vista amplia de la entrada sur del Estrecho de Magallanes, de las islas de Tierra del Fuego y Dawson y del acceso desde la segunda angostura por el norte, así como dominar las dos bahías que la rodean: bahía Mansa por el norte y puerto Famine por el sur, con la diferencia que bahía Mansa presenta una costa rocosa junto al promontorio, mientras que puerto Famine (también denominado puerto San Felipe por Juan Guillermos, en el Bitácora de la goleta "Ancud") es un buen surgidero de aguas profundas y costas arenosas y accesibles, salvo que cuando hay vientos del E. se levanta mucha resaca en las playas lo que lo hacen impracticable.
Los vientos dominan el clima de este sector.
Fuertes vientos -de hasta 120 kilómetros de velocidad en ciertas rachas- azotan la punta Santa Ana durante todo el año (como se encargaría de reiterarlo la correspondencia de los primeros colonos y Gobernadores hasta 1848), y en especial en la primavera e invierno.
El capitán Juan Guillermos miró su reloj: era el mediodía, había un sol agradable y una suave brisa. Tenía en el bolsillo de su guerrera azul, cuidadosamente doblado el documento con las Instrucciones de Espiñeira. Ordenó entonces echar el ancla.
La goleta "Ancud" recaló en la bahía de San Juan a unos trescientos metros de la punta Santa Ana y entonces desembarcaron en la chalupa, Juan Guillermos, cuatro artilleros, el teniente Manuel González y Bernardo Philippi. Relata el Diario del Capitán: "En el acto desembarqué, acompañado del teniente de Artillería don M;anuel González Idalgo, el señor naturalista don Bernardo Phillipi i cuatro artilleros; fuimos al asta i cavando al pié encontré enterrado un tarro de barro lacrado que abrí, hallando un documento en conmemoración de los buques de vapor "Chile" i "Perú", que habían pasado del Atlántico al Pacífico, siendo los primeros vapores que navegaron estos estrechos. En tal tarro encontré tres monedas de plata de la Gran Bretaña, trayendo a bordo dichas monedas i el documento para copiarlo." (_)
En el promontorio se percataron que se trataba de una señal dejada tres años antes (1840), por el paso de los primeros vapores –el "Chile" y el "Perú"- por el Estrecho de Magallanes.
Consistía en un mástil labrado en madera, a cuyo pié se encontraba una vasija de greda sellada con lacre, conteniendo un documento conmemorativo del paso de los vapores y tres monedas inglesas de plata. Guillermos, celoso de las prerrogativas del Estado de Chile, hizo retirar todo vestigio, dejando una copia del documento en el lugar (llevándose el original en inglés a la goleta) y reemplazando las monedas de la Corona británica por monedas chilenas.
Entonces, el capitán Guillermos -teniendo presente las instrucciones que traía y una sensación de premura que lo atenazaba- decidió de inmediato que debía procederse a la toma de posesión del Estrecho.
Regresaron al poco rato a la goleta.
Ese día, el almuerzo preparado a bordo por Venancia e Ignacia tuvo un sabor distinto y emocionante... y Juan Guillermos aprovechó el momento para anunciarles a los presentes que, concluido el almuerzo, debían desembarcar para el acto:
Estamos prontos a la ceremonia... así es que los brindis quedan para después, sentenció Guillermos mientras apuraba en silencio su plato de cazuela de luche.
Terminado el almuerzo, todos desembarcan en las chalupas, quedan dos marineros de guardia, y mantienen todo bien trincado, ordenó el capitán, mientras se ponía de pie y salía de la cámara.

La toma de posesión
del Estrecho de Magallanes

En dos viajes de la chalupa, desembarcaron todos los tripulantes y viajeros, y los soldados de Artillería procedieron a bajar a tierra una de las dos pesadas culebrinas de la goleta, con sus respectivas municiones.
Numerosos árboles en la extremidad escarpada de la punta Santa Ana daban marco al acto, mientras el viento saludaba a los recién llegados.
La sobria ceremonia, comenzó hacia las 2 de la tarde.
Primeramente, se procedió a izar la bandera de Chile en el mástil levantado en la punta Santa Ana, mientras todo el personal reunido entonaba con entusiasmo el Himno Nacional. A continuación, Juan Guillermos y su plana mayor procedieron a levantar el acta oficial.
Entonces, de pié frente al Estrecho, teniendo a su derecha el asta con la bandera recién izada y a su izquierda, todo el personal formado y reunido, Juan Guillermos, acompañado por Eusebio Pizarro a un costado y Jorge Mabón y Bernardo Phillipi al otro, procedió a dar lectura al Acta de Toma de Posesión cuya versión textual es la siguiente.


"DIOS SALVE LA PATRIA - VIVA CHILE


En cumplimiento de las órdenes del Supremo Gobierno, el día veintiuno del mes de septiembre del año mil ochocientos cuarenta i tres, el ciudadano, capitán graduado de fragata de la Marina Nacional, don Juan Guillermos y asistido con el Teniente de Artillería don Manuel González Hidalgo, el piloto 2° de la Marina Nacional don Jorge Mabón, el naturalista prusiano voluntario don Bernardo Eunom Phillipi y el sargento 2° distinguido de Artillería don Eusebio Pizarro que actúa de Secretario, con todas las formalidades de costumbre tomamos posesión de los Estrechos de Magallanes y su territorio en nombre de la República de Chile, a quién pertenece conforme está declarado en el artículo 1° de su Constitución Política (), y en el acto se afirmó la bandera nacional de la República, con salva de veintiún tiros de cañón.
I en nombre de la República de Chile protesto en el modo más solemne cuantas veces haya lugar contra cualquier poder que hoi o en adelante trate de ocupar alguna parte de este territorio. I se firmaron con migo el presente acto el día beinte i un de septiembre de mil ochocientos cuarenta y tres años i el tercer año de la Presidencia del eselentísimo señor General dn Manuel Bulnes.
Juan Guillermos Bernardo Phillipi
Gefe Naturalista en comisión del
Gobierno de Prucia y voluntario
En la expedición a Magallanes
Manl. Gons Idalgo
Jorge Mabon
Eusebio Pizarro
Secretario
I los de más indibiduos que firmamos esta acta de posesión son los siguientes:
Je. Ma. Yañez
Lorenzo Aros
Recardo Didimus
José Santana
Remigio Gonsales
Geronimos Ruis
José Vitor Mill
Manuel Albarado
Oracio Luis Guillermos
Carlos Millar
ARTILLEROS DE LA REPUBLICA
Cabo - José Idalgo.
Artilleros Sipriano Jaros
Balintin Vidal
Pascual Riquelme
Manuel Billegas
Lorenso Soto
Eusebio Pizarro
Secretario
Mujeres
Benancia Elguele y Jarros
Ignacia Leyba y Bidal.
Es en todos sus partes Conforme el acto original. Con dha fha lebantada que qeudó depositada al pie de la hasta de Bandera lacrada y sellada con dibisa de la República de que doy fés.
V° B°
Guillermos Eusebio Pizarro
Secretario" ()




Después, se procedió a la firma del Acta.
Signaron primero el documento la "plana mayor" de la expedición: Juan Guillermos, Manuel González Hidalgo, Bernardo Phillipi, Jorge Mabón y Eusebio Pizarro y, a continuación, el resto de los asistentes: los 4 marineros (dos de ellos habían quedado de guardia en la goleta), los seis artilleros de la tropa, el timonel, el carpintero y las dos mujeres.
Acto seguido, se procedió a disparar una salva de ordenanza de 21 tiros de cañón, la que fué respondida a continuación por el cañón de la goleta. Los vítores de ¡Viva Chile! de los asistentes, hicieron eco en la silenciosa bahía de San Juan.
Encendieron a continuación una fogata sobre la punta Santa Ana, y permanecieron en el lugar toda la tarde, en un momento de agazajo y descanso de todos los asistentes. Cumplida la finalidad posesoria de la expedición, marineros y oficiales todos emocionados regresaron a la goleta al fin de la tarde, pero la acción chilena de soberanía recién comenzaba...
Hacia las 8 de la noche, se abrieron tres botellas de vino de San Vicente y ahora reunidos todos en el comedor de la goleta, Guillermos pudo ofrecer un brindis:
¡Salud por la Patria y por el Presidente Bulnes!, dijo el capitán levantando su copa de vino blanco.
¡Salud!, respondieron con roncas voces los marinos, soldados y mujeres, mientras afuera el viento austral saludaba con su ulular de espuma aquel momento histórico.
¡Salud por Magallanes!, agregó un marinero, mientras todos brindaban con justificada alegría. Una contundente cazuela de mariscos vino a completar el sobrio festejo.
Durante toda la noche del día 21, hasta el mediodía del viernes 22 de septiembre, soplaba sobre la punta Santa Ana un fuerte viento del W. que, según Guillermos "...levantaba la mar como humareda i cielo mui claro."